En El Quinto creemos que el arte y la literatura, hacen parte de la cultura, es decir, de lo que se cultiva en la sociedad. Por eso, cada domingo, este portal abre sus páginas a artistas, poetas, escritoras y escritores. Hoy, compartimos con ustedes estos textos que viajaron desde Costa Rica.

Keyler Morera Garro
Pedagogo, escritor y apasionado por la recuperación de la herencia afrodescendiente en la provincia de Guanacaste, Costa Rica
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Negra
Negra, negra es la noche, y negra es la conciencia de aquel que yace en el olvido por ser quien era, quien es y quien será.
Pero esa oscuridad, que nace al ponerse el sol, es solamente la cuna y la cobija de la nada que lo es todo, que renace cada mañana en un nuevo misterio, tan negro y misterioso como los esclavos en las barracas, descansando con dolor, para el otro día trabajar para hacer más rico al blanco que se cree su dueño. Negra también es la noche que acurruca a esa negra panzona, que desea que no salga el sol, para no tener que pensar en que la única negra que verá su hijo es la noche, cuando al ser vendido, solloce en la oscuridad
Huele a África
Mi tierra, Guanacaste, tiene un aroma singular
Huele a tortillas, asándose en el comal
Huele a colochos, danzando al andar
Huele a mondongo, que saborea el paladar
Huele a sabanero, galopando hasta el maizal
Huele a marimba, que despierta las teclas del recuerdo al meditar
Huele a quijongo, que vibra cantando sin cantar
Huele a cimarrona y a mascaradas, que busca a quien asustar
Huele candanga, a morongas, a panga, a cananga y a cachimba
Huele a África, huele a lucha, huele a resistencia y a pura cultura.
Nicoya:
Cuando pienso en mi Nicoya
Siempre pienso en la fiesta, en la Cimarrona, la yegüita y el coyol.
Cuando pienso en mi Nicoya,
Pienso en el cerro de la cruz y en el gran misterio de la serpiente que cada 3 de mayo hace que se reúnan los nietos para escuchar la leyenda de los labios de su abuela, doña Luz.
Cuando pienso en mi Nicoya,
Siempre pienso en la entrada de San Blas, en la Cofradía de la Señorita, la alborada, y en las abuelas que aunque pasan los años no se marchitan.
Cuando pienso en mi Nicoya,
Siempre pienso en las tortillas, el chicheme y las tanelas, en Matambú y las Matambas, en los cholos y las cholas, en el quijongo y el juque, en el contrabando y la parrandera.
Cuando pienso en mi Nicoya,
Siempre pienso en los esclavos negros, que un día pisaron está tierra, que nos heredaron comida, música y fiesta, Que nos heredaron grandeza, valentía y fuerza, que se quedaron en los colochos, en los «secretos» y en los remedios. No se fueron, se quedaron, y por si algún día lo dudas, tan solo mira a tu lado.
La sinfonía de las manos cholas
Qué mágicas son las manos, de una mujer nicoyana, sus manos son capaces de palmear tortillas, perfectamente redondas, son capaces de aliñar la masa de los tamales, perfectamente sabrosos, son capaces de amasar la masa de las rosquillas y tanelas, perfectamente equilibradas, también, con capaces de envolver los hijos con una cobijita, perfectamente lavada, con sus perfectas manos, perfectamente negras, y perfectamente desgastadas.
Sopa de mondongo, morcillas, y morongas, todas se hacen con sus perfectas manos, sanan dolor de tolba y timba, y sostienen la cruz cuando llega la mona, perfectamente preparadas. Las manos de una chola, son perfectamente hermosas, por los ríos de sus manos corre África, con ellas, sostiene su corazón, sus muertos, sus anhelos, sus luchas, sus tristezas y alegrías , definitivamente, son las manos de una chola.
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