
Edgar Yesid Achury
De Fusagasugá. Californiano por adopción. Apasionado por la geopolítica.
Ingeniero de alimentos, maestro quesero.
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Hay algo que ya raya en la mamera: colombianos que viven fuera —como muchos de nosotros— y que apenas vuelven al país, de vacaciones o a quedarse, arrancan con la lloradera profesional. Que los robaron. Que los tumbaron. Que el trancón. Que esto “ya no se puede”. Que el gobierno. Porque ahora es muy “cool” vivir en Miami y alrededores y volverse de derecha, y creen que ganar en dólares les da estatus de riquitos criollos.
Esos son traumas adquiridos con exclusividad en Florida, aunque haya bellas excepciones. Lo digo, porque no conozco ningún colombiano que viva aquí en California y sea de derecha.
Estos colombofloridanos, cuando vuelven a Colombia, llegan elevados de tono, y la mayoría de ellos se avergüenza en silencio de los trabajos que hacen en este país y le suben como tres niveles cuando en Colombia les preguntan por sus actividades.
Uno les oye la quejadera y piensa: ¿usted a dónde creía que iba? ¿A un país nuevo, recién inaugurado? El que ha vivido años afuera sabe que volver a Colombia no es turismo exótico ni choque cultural: es regresar a lo que uno ya conoce, con todo y sus virtudes, sus defectos y su caos organizado. No hay sorpresa, hay memoria. O debería haberla. Pero no.
Por otro lado, el drama de muchos no es la inseguridad ni el desorden, sino los ñeros. Les molesta cómo hablan, cómo se expresan, cómo suenan. Lo curioso es que muchos de esos indignados se criaron con marranos en el patio, gallinas sueltas y la radio a todo volumen. Y ahora fruncen el ceño porque un ñero/nea dice “qué más pues”. Ñero que, dicho sea de paso, suele ser su hermano, su primo o el amiguito con el que jugaban fútbol, descalzos antes de que aprendieran a decir “actually” y “literally”.
Aquí también, viviendo afuera, uno se aguanta acentos que no entiende ni el traductor de Google. Y ¿qué hace? Responde “yes, sure” sonríe y sigue. Pero llegan a Colombia y actúan como si entender a otro colombiano fuera una afrenta intelectual.
Y ni hablar del regreso con acento importado, palabras atravesadas y esa pose de “ya no entiendo”. ¡No joda! El español no se borra con la green card o con una nueva ciudadanía. Lo que pasa es que a algunos les da pena recordar de dónde vienen. Porque no es creíble llegar diciendo “sorry, no capto” cuando crecieron diciendo “qué pereza”, “qué mamera”, “eso está paila”. Olvidar lo aprendido no es un mérito ni un ascenso social: es bajo coeficiente Intelectual.
Así que menos teatro. Menos desprecio. Menos pose. Si van a volver a Colombia, vuelvan sabiendo a qué país llegan y a qué gente se van a encontrar. Sin actuar como si acabaran de descubrir el español ayer.
Y por favor, dejen el spanglish impostado y ese acentico de los abogados de inmigración que a ellos les queda bien y con eso ganan dinero, pero a ustedes les chilla.
¿Did you get it?


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