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A veces se me olvida que también soy hija de la noche, que dentro de mí habitan fuerzas contradictorias.

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Mi pueblo no se estaba acabando de un solo golpe. Se estaba yendo por cucharadas, por tragos, por recetas olvidadas, por cultivos que ya nadie siembra y por sabores que ya nadie enseña

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Los cronopios siempre sobrevivían, aferrados a un mástil en forma de poema.

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Ya no es necesario imponer el poder cuando este se vuelve indispensable.


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Hay lugares donde uno oye… pero no ve. Y hay presencias que no se van… porque conocen el camino de regreso mejor que nosotros.

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Ahí está tu mancha, la imborrable. Aunque no seas ningún Quijote.

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No todo lo que mata es visible… y no todo lo que obedece… lo hace por instinto.