

Levantar esta alfombra no es un acto de antisemitismo, sino un ejercicio de comprensión histórica y política.

En las librerías no solo se encuentran ejemplares codificados, sino otras vidas, otras preguntas y, a veces, una versión de nosotros mismos que todavía no conocíamos.

Nunca empieza con la destrucción de un país. Se inicia mucho antes: con una disputa que se vuelve irreconciliable.

La Basílica no es solo un templo: es parte de la historia y la memoria de todos los socorranos.

Cuando todo se sacude, descubrimos que no somos individuos aislados: somos un nosotros.

¿Usted se va a poner las botas, o va a seguir viendo, desde la ventana, cómo regalan el patio de su propia casa?

“Parece que esa destrucción de mundos fue lo que Dámasa les prohibió a sus sueños.”

Hoy creo que de allá viene que en mi casa no deje de sonar el radio.

Se trata de una postración y una decadencia históricas, políticas y sociales extremas, ahora en un mundo incierto, por parte de unas clases altas inspiradas tragicómicamente por el desprecio y el odio al país real y a quienes han votado por los cambios.