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No es búsqueda de identidad ni de ocio: es consumo disfrazado de infancia pendiente.

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Disentir sin destruirnos es una forma de patriotismo silencioso, pero poderoso.

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Con aciertos y errores, este gobierno ha logrado algo fundamental: que la gente aprenda y hable de política. Ya no nos engañan con tanta facilidad.

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El mal no siempre es grotesco ni irracional: puede ser elegante, funcional y deliberado. Y justamente por eso es más difícil de detectar y combatir.

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El estancamiento no proviene solo de la falta de recursos, sino de un lenguaje que ya no logra mover aquello que nombra.

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No defendemos a las personas. Defendemos la función que cumplieron dentro de nuestra identidad.

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María Cano no fue una excepción: fue el rostro visible de una historia colectiva que aún no termina de contarse.

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Nombrar es desenmascarar. Países Gordos no describe un lugar, sino que expone un sistema.