
Mateo Duarte del Castillo
Columnista de opinión en El espectador y Las 2 Orillas. Realizador audiovisual con especialización en TV periodística y documental
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Soy más feliz cuanto más libre. Sin ninguna duda.
Caroline Schegel- Schelling, “Magníficos Rebeldes”
El escenario en 2002, en materia de seguridad, era parecido al de ahora. Los grupos guerrilleros eran amos y señores de una buena porción de territorio, llega el entonces ex gobernador de Antioquia (su primer nombre es Álvaro) y empieza prometiendo solucionar eso, la gente, desesperada, lo elige y lo soluciona en parte, no del todo, porque el problema de las guerrillas es casi imposible de acabarlo a punta de bala y bombas.
Pero con la excusa de no dejar que brotara “la inseguridad” otra vez, nos llegó entonces el miedo. Era complicado comentar cosas como el atentado al Club El Nogal, solo por teléfono de línea fija, obvio, sin sentir paranoia.
Ya todos sabemos de las chuzadas telefónicas y persecuciones que le hacían en ese gobierno, a cualquiera que le oliera a izquierda, a desorden, al disentimiento, a la cultura, al libre pensamiento. Si el escenario preelectoral hoy es parecido, ¿Qué creen que pasaría si gana Abelardo y hace todo lo que ha prometido para “solucionar la inseguridad”?
Al principio, aplausos por las cárceles en la mitad de la nada llenas de delincuentes y paralelamente, el miedo otra vez. Será mucho peor con la tecnología de hoy día: reconocimiento facial como forma de control, supervisión masiva de redes sociales para ver, “donde se podría estar incubando la insurgencia y el narco terrorismo”, cualquier reunión de más de 5 personas ya sería sospechoso, solo miren la historia de los dictadores, sobre todo en Latinoamérica.
Eso del escudo de Colombia con las palabras Libertad y Orden, Abelardo las torcerá a su acomodo para con el pretexto del orden, acabar con la libertad, no lo duden por un segundo.
Él ya nos avisó que copiará cosas de Milei, y lo primero será la reducción del Estado. Es esperable entonces un adiós a instituciones como el Ministerio de las Culturas y los Saberes; al Centro de Memoria Histórica ya ni siquiera lo dirigiría una persona gris como Darío Acevedo, porque simplemente se acabaría.
El caso del Centro Kennedy y la toma de los centros de pensamiento de las universidades privadas (Harvard entre otras) por parte de Trump, demuestra que un presidente excesivamente demente, que toma decisiones ilegales, porque se brinca el congreso, puede intentar de todo contra las instituciones que producen pensamiento. Abelardo adoptaría esos procedimientos para – quizá asesorado por la Cabal o Rafael Nieto Loaiza- olvidarse que el Cinep, (el famoso centro de investigación y pensamiento, víctima de Turbay y los paramilitares el siglo pasado), es de Jesuitas y buscaría su cierre.
Las facultades de Ciencias Sociales en universidades públicas serian ocupadas por policías de uniforme (de frente) y de civil (escondidos), y en general donde al abogado le parezca un nido de la izquierda, (aquí imitaría el estatuto de seguridad inventado por Turbay Ayala y el General Camacho Leyva).
Sería capaz de cerrar Café y Libro en Bogotá; buscaría, Biblia en mano, clausurar los bares de la comunidad LBTIQ+, acusándolos de promover y ejercer el “libertinaje prohibido por la iglesia”.
¿Festivales gratuitos al aire libre?, si acaso Vallenato al parque y Opera al parque cada 6 meses. El resto, suprimidos porque toca ahorrar presupuesto señores, la seguridad del país no es barata. Galán no se opondría a la medida porque así le quedaría más plata para su metro.
Además, sus votantes y áulicos piensan que todo lo anterior está bien porque hay que recuperar la seguridad como sea, y claro, también porque obviamente no pisan una sala de teatro o de una galería de arte hace como 25 años, -o nunca lo han hecho-. Entonces les parecerá perfectamente prescindible el recorte de esas » vagabunderías de mamertos.»
Entraríamos a una especie de oscurantismo con sabor caribeño, con pedazos de la filosofía Trumpista, Bukelista y Mileista, reunidos en el cuerpo y cabeza, -sobre todo cabeza-, de un abogado demente, con unas ganas tremendas de cobrarle venganza a la izquierda que se atrevió a gobernar cuatro años.
¡Olvídense que va a luchar por los desvalidos! Serían 4 años de recuperarle los privilegios a quienes les quitaron la tierra para, -oh sacrilegio-, devolvérselas a los campesinos. A los mismos que se la habían arrebatado durante el gobierno del señor cuyo nombre empieza por la misma A de Abelardo.
Votaré, entonces por Cepeda, para tener la libertad básica de expresarme sin miedo a represalias, para atajar a Abelardo, Paloma y similares y porque la propuesta de Cepeda para acabar la “inseguridad”, es más profunda, de fondo, y toma más tiempo: se trata de acabar con el núcleo de ese problema, la pobreza en las regiones y ciudades.
Y, además, solo con que el hoy Senador (y ojalá futuro presidente) llegue puntual a reuniones, eventos, condecoraciones y en sus cinco sentidos, me basta y sobra.


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