
Beatriz Vanegas Athías
Escritora, profesora y editora
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El año pasado como casi todos los últimos veinticinco años de mi vida, estuve en Cereté de Córdoba. Así lo llamó el poeta Raúl Gómez Jattin. Estuve en el 32 Encuentro Nacional e Internacional de Mujeres de Cereté, como he asistido durante más de veinticinco años con una que otra inasistencia ocasionada por asuntos personales, pero de Cereté me siento oriunda, allá he vuelto más que a Majagual, luego de la muerte de mi madre. En Cereté he amado la amistad, he crecido como poeta y como mujer, he reafirmado mi ser caribe. Los versos a los que he dedicado horas de mi vida han sido leídos por vez primera allí, en el barrio Venus, en Vilches, en San Pelayo, en Cotorra, en Canalete, en Carrillo. Allí nació una de las razones por las que vivo: Ediciones Corazón de Mango. Allí está Lena Reza García, Carolina Patiño, Andrés Felipe Reza, Vera Centeno, todos los ángeles clandestinos, mis amigas poetas Mayra Izquierdo, Ela Cuavas, Kenia Martínez, Carmen Alicia Pérez e Irina Henríquez que hacen posible el Encuentro poético, la risa y la amistad.
En Cereté y Montería he bailado fandango hasta que la exudación se convierte en una forma de la felicidad. Cereté, Montería y muchos de sus corregimientos son los sitios en los que he hallado tal generosidad y amabilidad que han logrado que jamás anhele vivir en otro país diferente del mío.
Toda esa gente amada (y muchos que no menciono) ahora, desde hace quince días padece la angustia del río que, al no encontrar hacia donde ir, decidió volver por los caminos que halló. Es inocente el río al que el hombre ignorante agrede. Es inocente el hombre de su ignorancia y necesidad de sobrevivir.
Invito a leer a estas cinco grandes poetas del Sinú y a valorar al Encuentro Nacional e Internacional de Mujeres Poetas que, a la cabeza de Lena Reza, ha acompañado a los albergues con una constante programación artística para los niños y padres asustados por la abrupta pérdida de sus enseres y arraigo.
VOLVERÁN OTROS OJOS

Mayra Izquierdo
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y los espejos no se enfrentarán con la mirada
del recuerdo.
Sólo hay que esperar que se cierren bien las puertas,
para salir por detrás,
sin mirar a ningún lado,
y desde entonces pertenecer a otros mundos.
La distancia no siempre conduce al olvido;
riñe con fuerza, acerca más la risa.
Emprender el camino que no conocemos,
tirar las piedras al estanque,
recorrer el pasto afilado,
cultivar un nuevo desierto,
crear otro ciclo
que en el pasado
será como el primer intento.
Para beber no

Mayra Izquierdo
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“Agua, agua por todas partes,
y no hay una sola gota para beber.”
Samuel Taylor Coleridge
Para beber no.
Sólo para ahogarnos brinda su cauce el río.
Para ver morir la tarde inundada de pájaros heridos que se llevan las aguas.
Pero he de morirme de sed,
no de arrojada a las aguas.
Pero he de morirme ahogada,
no de reseca la garganta.
Partiré para inclinarme ante otros ríos,
los de palabras, los de silencios.
Partiré al filo de la tarde con el corazón en mano
porque en mi espalda ya no caben más miradas opresoras,
porque mis ojos vuelan lejos de este cuerpo
en busca de las olas verdes de los días
y de las olas negras de otros ojos.
Para beber no.
Sólo para ahogarnos en su cauce el río se desborda.
Aguardaré a que sobrepase mis fronteras.
Me invada.
Me consuma.
Los que no tenemos vida

Kenia Martinez
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Nosotros, los que no tenemos vida
los esclavos del tiempo
los que nos dibujamos la sonrisa mientras
tejemos los sueños de los otros y olvidamos los nuestros.
Los pobres diablos
hace tiempo estamos muertos,
con las ojeras tatuadas al alma,
extraviados en los días
nos confundimos con las sombras.
Los que no tenemos vida
resucitamos los fines de semana
para volver a morir el lunes.
¡Todo nos enternece!
Los atardeceres
los ojos de los gatos
¡los días de lluvia son fatales!
Y aun así tenemos tiempo para llorar.
En el sur las mujeres no conocen el amor

Ela Cuevas
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Vivo al sur, y en el sur las mujeres son meros objetos, niñas lindas con vestidos manchados, reinas populares, amantes de un prestamista.
Mujeres que comparten al marido con el mismo asco con que se comparten un cepillo de dientes.
Aquí, donde los niños juegan a imitar al norte, escondiéndose y buscando para dar su primer beso, el amor no es más que un sueño de telenovelas, porque no queda tiempo para inventarlo entre tantos recibos sin pagar y tanta orfandad.
En el sur las mujeres no conocen el amor, no quieren ser Madames Bovary, prefieren someterse, renunciar; las más “afortunadas”, las que tienen intenciones doctas, se vuelven amantes de un poeta misógino que recita a Novalis cada vez que quiere hacerles el amor… y las anula para siempre.
No despiertes a la loba

Carmen Alicia Pérez
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No pretendas socavar mi cuerpo a media
noche con la intención
de detectar cicatrices.
Soy una loba, sé perfectamente cómo
sangran las heridas.
No intentes pesar mi inteligencia…
La sabiduría pesa, lo que pesa un pez
remo envejecido,
en las profundidades del océano.
No controles mi libertad, desde niña
he caminado en penumbras,
sin miedo a tropezar.
No provoques el sismo, o un pez gigante
puede emerger en la orilla.
No despiertes a la loba, o te enseñaré
sus dientes afilados.


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