
José Aristizábal García
investigador social, escritor, activista, autor de varios libros, entre ellos Amor y política (2015), Amor, poder, comunidad (2024) y La revolución del amor, próximo a aparecer.
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Ya sabemos cuáles son los planes de Trump y su Estrategia de Seguridad Nacional 2025. Consolidar sus áreas de influencia acudiendo a la fuerza bruta al precio que sea. Así es como pretende garantizar la extracción de los últimos recursos del planeta que le permitan mantener su rivalidad bipolar con China, el enemigo principal que está en pos de arrebatarle su hegemonía global.
Una de esas áreas es el hemisferio occidental. Allí tiene subyugada a Europa. Y en las Américas, cuenta con una cohorte de gobiernos lacayos, ya descabezó a Venezuela, está ahogando a Cuba, insiste en entrometerse por algún lado a Méjico y anda en la ruta de anexionarse Groenlandia.
Su otra área de influencia es el Medio Oriente. Allí está comprometido con el genocidio y el sionismo expansionista de Israel cuya ambición es consolidar su supremacía militar en Oriente Medio. El dominio de esta región es clave para controlar algunas de las fuentes y vías de suministro más importantes de la energía y desde allí ampliar su influencia en el Asia-Pacífico, donde ocurre la competencia más caliente con China. Israel no es sólo fuerza militar y tecnológica. Es uno de los pilares del imperialismo y la oligarquía financiera mundial y uno de los mayores focos actuales del fascismo y el colonialismo. Lo que está experimentando con su control técnico-militar en Gaza y Cisjordania es un laboratorio de formas de genocidio que podrán ser aplicadas luego en otros pueblos del mundo. Algo que nos concierne a toda la humanidad.
En esta área, Irán es el obstáculo principal que se opone a las dos potencias guerreristas, la fuerza que puede impedir esos designios por lo cual buscan derrotarlo y someterlo. Y de no lograrlo, entonces fraccionarlo, destruirlo, volverlo un caos, un estado fallido.
Irán no inició esta guerra y en más de dos siglos, tampoco ha iniciado una guerra con otro país. Menos era una “amenaza inminente” para EEUU. Es un Estado teocrático y autoritario donde se violan los derechos humanos. Pero no serán esos dos Estados criminales los que van a librarlo de esas violaciones.
Irán lleva cuarenta años de sanciones económicas, agresiones, guerras y provocaciones en su contra, de firmar tratados y acuerdos que luego han sido negados o violados. Y hasta el día anterior al inicio de esta guerra, estuvo sentado en negociaciones con EEUU en las cuales aceptó hacer concesiones importantes en cuanto a su industria nuclear y las inversiones de las compañías petroleras en su territorio.
Hoy, jueves 12 de marzo, esta guerra lleva trece días.
Es imposible calcular cuánto puede durar, hasta donde va llegar su escalada, cuál su desenlace final. Qué pasará si se alarga más de cuatro o cinco semanas. Hay cientos de especulaciones y los analistas muestran los distintos escenarios posibles de cómo podría ser el desenlace.
Creo que lo más importante es tratar de comprender qué es lo que está en juego en esta guerra. Cuáles son los cambios o los reajustes que se pueden producir en la región y en el poder mundial y el orden global que está girando hacia un mundo tripolar (China, EEUU y Rusia). Qué se puede hundir y qué surgir como producto de esa confrontación. La siguiente es una aproximación a algunos de los aspectos más importantes de esta posible reconfiguración.
En el campo militar, el dominio imperial de EEUU, pese a la enorme concentración de fuerzas navales y aéreas para el ataque, a sus numerosas bases militares en la región, a su alianza con Israel y al apoyo de Alemania, Francia, Inglaterra y otros países, no ha logrado, hasta hoy, ninguno de sus objetivos. Ha infringido unos severos golpes y daños a las infraestructuras militares, energéticas y civiles de Irán y sus bombardeos continuos sobre Teherán y la mayoría de sus ciudades, han arrasado barrios, hospitales, escuelas, y universidades. Pero no han obtenido un triunfo rápido, ni eliminar, ni cambiar el régimen iraní, ni destruir sus capacidades militares, arsenales de misiles e instalaciones nucleares.
Los iraníes no se van a rendir. Se han preparado para una resistencia larga y asimétrica. El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) ha ejecutado e informado hasta hoy 41 oleadas de drones y misiles contra 27 bases militares norteamericanas y otros objetivos en sus vecinos del Golfo Pérsico. Destruyeron la infraestructura de la Quinta Flota estadounidense en Bahréin, “la columna vertebral de su hegemonía en Asia Occidental”. Causaron importantes daños en el Cuartel General del Comando Central de EEUU en la base aérea Al-Udeid, en Catar y en las otras bases ubicadas en Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Arabia Saudita, Irak y Jordania. Su portaaviones Abraham Lincoln tuvo que retroceder debido al riesgo de ataques con misiles de largo alcance. La marina norteamericana ha dicho que no puede escoltar a los barcos petroleros en el estrecho de Ormuz por los altos riesgos de ataques. Simultáneamente han bombardeado numerosas instalaciones militares y de inteligencia israelíes en Tel Aviv, Haifa, Jerusalén y los territorios ocupados. El aeropuerto Ben Gurión, la puerta de entrada y de salida de Israel, ha sido afectado y ha tenido que reducir sus actividades entre un 80 y 90%. Además, en estos últimos días, Hezbolá desde el Líbano y las milicias proiraníes de Irak se han reactivado y lanzado ataques al interior de Israel.
Estados Unidos ha subestimado la preparación, la resistencia y la potencia de fuego de su adversario. Si la guerra se alarga, crecerán los factores que le son adversos, como la oposición a su prolongación dentro de su país y de los países árabes o el alza de los precios del petróleo. Si no obtiene un triunfo claro, después de su derrota en Ucrania, el supuesto prestigio de su invencibilidad militar va a ser objeto de burla.
En el terreno económico, la supremacía del ‘petrodólar’ depende directamente del poder que detentan el Pentágono, Israel y las seis “petromonarquías” del Golfo Pérsico. Si Irán mantiene cerrado el estrecho de Ormuz para los buques petroleros de los agresores y disminuye el poder militar de esos actores en la región, el “petrodólar”, el dólar como moneda de cambio y reserva mundial, sufrirá un golpe aún más fuerte que los recibidos en los últimos tiempos.
Si estos dos factores anteriores, claves de la hegemonía mundial de EEUU, continúan girando en su contra, simultáneamente darán un mayor poder a China y a Rusia. Porque Irán es su aliado estratégico al que están dando su apoyo, es miembro de la Organización de Cooperación de Shanghái y de los BRICS Plus. Es un nodo decisivo de transportes en los proyectos de la Nueva Ruta de la Seda china, en la interconexión norte-sur de Rusia y en la integración de Asia y Eurasia. Si Estados Unidos se enreda o debilita en Oriente Medio, China tendrá más libres sus manos en el Asia-Pacífico.
En cuanto a la crisis económica-financiera, es claro que puede estallar por la crisis energética. El precio del petróleo subió casi un 40% en los primeros cuatro días del conflicto, ascendió a los 119 dólares el barril, hoy ha oscilado entre 95 y 101, muchos afirman que puede llegar a los 200. El gas ha subido un 30% y sigue subiendo. Esto aumenta la inflación, baja el crecimiento económico y el poder adquisitivo de la gente y puede producir más fluctuaciones en la Bolsa hasta un crash en Wall Street. Según uno de los mayores estudiosos de este tema, el cierre del estrecho de Ormuz “está paralizando el 40% del petróleo comerciable” y “si esto sigue así de aquí a un mes, entramos en una depresión económica como seguramente no se ha visto nunca, incluso mayor que la de 1929”[i].
Otro factor que está en juego en esta confrontación es que el statu quo de los países de la península arábiga y el Golfo Pérsico no va ser el mismo. Como en un terremoto, las correlaciones de fuerzas políticas y sociales se van a remover en cada uno de ellos. Aún no se sabe hacia cual lado.
Y lo último gordo y lo más grave a donde cabe llegar esta guerra: a un ataque nuclear y ser una de las chispas que encienda una tercera guerra mundial. Así sea por un error o por la doctrina Sansón que “si voy a morir, que muera con todos los filisteos”.
Hasta allá nos pueden llevar los monstruos genocidas del capitalismo depredador. También se puede estar fraguando, ahora mismo, una negociación entre los tres grandes poderes del nuevo orden tripartito, EEUU, China y Rusia, que los grandes medios de comunicación occidentales harán resonar unánimemente como un gran triunfo de Trump. Todo cabe. El tahúr amigo de Epstein es capaz de negociar hasta su madre.
[i] Esto dice Antonio Turiel en: https://ctxt.es/es/20260301/Politica/52525/Diego-Delgado-Antonio-Turiel-guerra-en-Iran-petroleo-crisis-EEUU-imperialismo-recesion-Donald-Trump-extrema-derecha.htm


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