La experiencia de la ANUC

Ramiro López Ramírez
Sociólogo. Mgr. en Economía Agraria. Experiencia en desarrollo y educación rural.
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El mérito del libro referenciado de Gutiérrez Sanín[1] es su empeño en demostrar cómo las fuerzas anti reforma lograron parar un incipiente proceso de reforma agraria impulsada por la fracción progresista del partido liberal en los gobiernos presididos por ese partido durante el Frente Nacional, y las consecuencias que esto tuvo. El autor muestra cómo desde el Acuerdo de Chicoral en 1972 las fuerzas más conservadoras del país se juntaron para impedir el proceso reformista. Evidencia cómo el Acuerdo de Chicoral representa la decisión de las élites de no tocar la concentración de la tierra. El investigador expone la interrelación entre esta decisión y los fenómenos de violencia que se desatan en las décadas siguientes hasta el Acuerdo de Paz de 2016.
En esta segunda entrega se ampliará información y análisis de la experiencia de organización campesina diseñada como parte esencial de la estrategia reformista y consistente en la creación de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, ANUC, concebida por el Gobierno de Lleras Restrepo como organización vocera de los campesinos, potenciales beneficiarios del proceso de reforma agraria.
El Ministerio de Agricultura, mediante Decreto 755 del 2 de mayo de 1967, reglamentó el registro de usuarios y los lineamientos para la creación de las asociaciones veredales, municipales, departamentales y nacional. En el nivel nacional, se constituirá una Junta Directiva de 29 miembros y un Comité Ejecutivo de 4 miembros con sus suplentes y un fiscal.
Desde el Ministerio de Agricultura, un grupo de 75 promotores de organización campesina motivan y orientan la constitución de las asociaciones desde el nivel veredal hasta el departamental. Los campesinos de todo el país se ilusionan con esta propuesta y se afilian en gran número. Para el año de 1971, el Ministerio de Agricultura da cuenta de 989.306 usuarios inscritos en la campaña de organización. En 1970, último año del gobierno reformista, se oficializa la organización y, en un Congreso Constitutivo con delegados de todo el país, se nombra Junta Directica Nacional y Comité Ejecutivo.
Los años de 1969 a 1974 marcan el periodo de mayor auge de la organización, representado en procesos de movilización constante, asambleas, congresos, mítines, paros, elaboración de propuestas programáticas, tomas de tierras mediante la invasión temporal de grandes propiedades como medida de presión para la compra de estas propiedades por el INCORA. Su capacidad organizativa se evidenció el 21 de febrero de 1971, fecha en la cual, en forma coordinada y con incidencia en buena parte de los departamentos, los usuarios campesinos realizan 645 tomas de tierras (Samosc León, CINEP 1978). El crecimiento y capacidad de respuesta de la organización campesina es un factor de ayuda para el proceso de reforma y para el INCORA, que lidera la acción gubermental.
Con el inicio del gobierno de Misael Pastrana, no partidario del proceso reformista y del protagonismo de los campesinos, se instaura una relación marcada por el conflicto con la organización. El Acuerdo de Chicoral refrenda la distancia del gobierno frente a las demandas de los campesinos y abre paso al marchitamiento progresivo de la reforma agraria apenas iniciada.
Ante estas circunstancias adversas, la ANUC logra mantener su empuje durante los primeros años de esta década, pero la presión del gobierno, la división agenciada desde el Ministerio de Agricultura, la radicalización política y las crisis internas van minando la capacidad de lucha y de presión que había demostrado. Conviene detenerse en varios aspectos que ilustran este proceso de declive:
- Los líderes campesinos entienden que es inviable una organización ligada al estado para un proyecto de reforma agraria que ya no tiene respaldo del gobierno de turno. Inician un proceso más autonómico, dotándose en primer lugar de un ideario propio expreso en el documento Plataforma Ideológica de la ANUC, aprobado en la Junta directiva Nacional del 5 de junio de 1971, y el Mandato Campesino, aprobado en la junta directiva del 22 de agosto de1971 en Fúquene, Cundinamarca. El Mandato plantea la necesidad de una reforma agraria democrática e inclusiva de todos los sectores campesinos e indígenas como también de otros actores y formas de producción. La consigna que comanda esta nueva fase es “Tierra para el que la trabaja”
- Los documentos programáticos reflejan el diálogo de dirigentes campesinos de la organización con cuadros políticos de la corriente socialista del momento. Este acercamiento abre paso al interés de los diferentes grupos políticos de la izquierda por lograr influir en la organización campesina.
- En el segundo Congreso Nacional de la ANUC, en Sincelejo (1972), se evidencian diferencias: Un sector se muestra proclive a radicalizar la presión por la reforma agraria, mientras otro prefiere buscar negociar con el gobierno un programa reivindicativo más general. Surge la línea Sincelejo que representa al sector más radical y con dominio del Comité Ejecutivo Nacional. Este mismo año el Gobierno convoca a dirigentes campesinos de la ANUC más proclives a un reformismo pactado, y promueve un congreso en Armenia; ese sector es señalado como la Línea Armenia.
- En 1974 se da el tercer congreso de la ANUC en Bogotá, animado por una multitudinaria manifestación en la ciudad. El congreso evidencia mayor influencia de la izquierda, especialmente de sectores de orientación maoísta, para quienes el campesinado es una clase potencialmente revolucionaria al lado de la clase obrera, como lo habían mostrado procesos revolucionarios en el mundo, en especial en la China de Mao Tse Tung. El Congreso termina en forma abrupta dado el clima de tensión creado por los diferentes grupos de activistas políticos que buscan influenciar la organización.
- Al terminarse la relación con el gobierno, se apela a la cooperación internacional, que proporciona fondos para que la organización pueda desarrollar reuniones, movilizaciones y congresos. Esto se convierte en un factor de perturbación por los rumores de malos manejos de recursos por parte de algunos dirigentes.
- Con la radicalización de la ANUC línea Sincelejo aumenta la deserción de los campesinos de la organización. De un lado, la represión contra la organización ha venido aumentando con las golpizas, detención, encarcelamiento de grupos de campesinos, y el asesinato de varios de sus líderes. De otro lado, siendo la lucha por la tierra el motor dominante de la acción de la ANUC, muchos usuarios en calidad de pequeños y medianos productores no encontraban respuesta a sus intereses particulares y consideraban que les perjudicaba el cierre de la interlocución con el gobierno. En el ideario de sus plataformas estaban los intereses de obreros agrícolas, parceleros del INCORA, empresas comunitarias, indígenas, pequeños productores; en la práctica sin embargo el énfasis de la lucha era el tema de la tierra. Todo esto hizo que comenzara la deserción de campesinos en las asociaciones de usuarios y la ANUC ya no logró la influencia masiva que tuvo hasta el congreso de 1974.
- Más adelante, en el año 1977, se llega al IV Congreso, en la lejana vereda Tomala del municipio de Sucre en la Mojana sucreña. Este congreso cuenta con una menor participación de campesinos y mayor injerencia de la izquierda enquistada en la línea Sincelejo. Se impulsa una nueva plataforma ideológica con la consigna “Tierra, Democracia y Liberación Nacional”, que confirmó la decisión de la dirigencia de hacer de la ANUC una organización campesina al mismo tiempo que actor político, para lo cual se promovió la creación del Movimiento Nacional Democrático Popular, con el que sectores de la línea Sincelejo participaron en las elecciones parlamentarias de la época con resultados muy poco significativos.
- Paralelo al declive de la ANUC línea Sincelejo, la línea armenia había seguido trabajando en estrecha relación con agentes del gobierno. Se inmiscuyó en los problemas de sectores campesinos como los parceleros, las empresas comunitarias del INCORA, los pequeños productores campesinos; asuntos que la ANUC Sincelejo no había podido o no había querido apoyar en su radicalismo. Finalmente, la dirigencia de la Línea Sincelejo consciente del aislamiento en que estaba y su poca incidencia, aprovechó la convocatoria del Ministerio de Agricultura a un proceso de reunificación y participó en un congreso con ese fin en febrero de 1981.
En sus documentos fundacionales como organización autónoma (Plataforma y Mandato), la ANUC recogía las reivindicaciones de los diferentes sectores del campesinado; sin embargo, en los años de auge fueron los intereses de los campesinos sin tierra los que se vieron más respaldados e interpretados por la organización. Otros sectores tomaron un camino independiente. Un caso emblemático es el de los indígenas. Llegaron a la ANUC en 1971 y se encargaron del manejo de la Secretaría de Asuntos Indígenas en cabeza del líder indígena Trino Morales. Se centraron en sus intereses propios, mostrando ser menos permeables al adoctrinamiento político y conservando su orientación reivindicativa étnica. Los indígenas se independizaron pronto de la ANUC, y se concentraron en su propio proceso organizativo que ha mostrado avances sostenidos. Las luchas por la recuperación y fortalecimiento de los resguardos y formas de gobierno propio han guiado este sector. La Constitución del 91 favoreció con especificidad al sector indígena permitiendo un fortalecimiento de sus resguardos con autonomía, manejo de recursos públicos y formas de gobierno propio.
Por su parte pequeños y medianos productores, necesitados de bienes públicos productivos y sociales indispensables para su economía y vida en la ruralidad, vieron con buenos ojos el programa de Desarrollo Rural Integrado, DRI, diseñado en el gobierno de López Michelsen (1974,-1978) con el apoyo de la banca multilateral. Definidos los territorios en donde predominaba la pequeña producción campesina, se implementaron con estrategias de coordinación institucional programas de crédito, asistencia técnica, capacitación, comercialización, vías veredales, riego, infraestructura escolar, vivienda rural. El programa apoyó la constitución de una organización de los usuarios, Asociación Nacional de Usuarios del DRI, que fue muy activa en veredas y municipios en donde se desarrollaron las acciones y permitió una mejor implementación del mismo. Muchos dirigentes de la ANDRI se formaron en la experiencia de la ANUC. La ANUC Sincelejo guardó distancia o fue critica del DRI y la ANDRI.
Vale resaltar que la estrategia DRI no tocó de ninguna manera el tema de la tierra. Se concentró en atender problemas de los pequeños productores por lo que en territorios de concentración de estos productores el programa tuvo acogida.
De la experiencia referenciada de la ANUC se puede deducir la importancia que tiene en los procesos de cambio social el tema de la participación de sectores vulnerables de la población, en este caso los campesinos y la voluntad política de los gobiernos de turno, para aceptarla si ya existe o promoverla.
El país tiene una debilidad en la representación de los campesinos, que está gravitando en la sociedad rural. Sin Reforma Agraria ni programas robustos de desarrollo rural, el protagonismo en el ámbito rural lo asumen sectores con tierra, capital, tecnología, representación política (terratenientes ganaderos, agroindustrias, empresas de exportación, economía del narcotráfico). Los campesinos sin tierra y los pequeños productores quedan a la deriva y, acosados de múltiples maneras, terminan con la decisión inexorable de migrar a las ciudades.
Hoy en día es complejo el panorama de organización campesina. Existen algunas de carácter nacional, la ANUC incluida, y otras de carácter regional o local. Proliferan en los ámbitos locales asociaciones de productores específicos de papa, lácteos, frutas, hortalizas u otros renglones en un escenario de atomización de esfuerzos y de poca capacidad de incidencia. Se siente el vacío de una organización nacional o en su defecto una alianza de organizaciones ya existentes con capacidad de negoción y también de presión hacia el Estado.
Por último, no podemos dejar de registrar cosas que parecían ya totalmente descartadas por los sucesivos gobiernos. El Acuerdo de Paz con las FARC volvió a poner en primer plano el problema agrario y en especial la alta concentración de la tierra que, lejos de disminuir, se acrecentó con la ofensiva paramilitar de los de los años 90 y siguientes. El Acuerdo definió un ambicioso programa de desarrollo rural y de reforma agraria con la intervención de 10 millones de hectáreas, de las cuales 3 millones serían obtenidas por compra y 7 serían formalizadas, es decir entregadas con títulos saneados a campesinos e indígenas.
En los años ya cursados del actual gobierno, aunque no se evidencia un gran impacto en el programa de desarrollo rural del Acuerdo, si se han adelantado acciones de compra y formalización de tierras. El gobierno actual acotó la meta de compra del Acuerdo de Paz a 1.500.000 hectáreas para su periodo y, según fuentes públicas, han sido compradas 446.000 hectáreas de las cuales se han entregado 300.000 a campesinos. Asimismo, en cuanto a tierras formalizadas, se han entregado 1.900.000 hectáreas a comunidades campesinas e indígenas. Asimismo, en el Congreso de la Republica ha habido más espacio para discutir los problemas del campesinado. Por consenso se aprobó darle al campesinado el estatus constitucional de sujeto de derechos, algo que no había sido definido en la constitución del 91. Estos logros, si bien parciales, no dejan de ser muy importantes. Se avecina una contienda electoral en la que se verá si el gobierno que llega será uno partidario de continuar y consolidar el intento reformista agrario o, por el contrario, será uno dispuesto a terminarlo como en los años 70 del siglo pasado.
[1] Gutiérrez Sanín Francisco. Tierra Guerra Política. Penguin Random House, Grupo Editorial Bogotá 2025


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