
Puno Ardila Amaya
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—Profesor Montebell, ¿hay alguien por quien usted no votaría el próximo domingo?
—Por supuesto. No votaría por quien insiste en la confrontación y en la dicotomía “amigo-enemigo” y en modificar o desmontar aspectos clave del acuerdo (como la JEP), lo que reabriría heridas del conflicto y pondría en riesgo la estabilización de los territorios más golpeados por la violencia; ni por quien priorice la militarización, el endurecimiento extremo de penas y posturas de “mano dura”, que satura el sistema penitenciario y judicial sin resolver las causas estructurales del delito y la violencia ni ataca las raíces socioeconómicas del crimen ni el narcotráfico.
No votaría por quien carezca de experiencia en la administración de la compleja maquinaria del Estado para coordinar políticas macroeconómicas o de desarrollo social desde el poder ejecutivo, ni por quien desprecie una reforma agraria integral para el campesinado, y, en cambio, favorezca excesivamente a los grandes capitales y al sector financiero bajo la tesis de la “confianza inversionista”, un enfoque sin soluciones reales para cerrar la brecha de desigualdad.
No votaría por quien carezca de perfil diplomático y, en cambio, exhiba su chabacanería como parte de su “encanto”, que, además, carezca de programas robustos para la redistribución del ingreso, la reforma agraria o la reducción de las brechas de pobreza en las regiones marginadas del país; ni por quien buscaría debilitar los contrapesos institucionales (como las altas cortes o los organismos de control), si estos fallan en contra de sus iniciativas ejecutivas; ni por quien se resista a reformas sociales distributivas, como laborales, de salud y pensionales de corte progresista, y, en cambio, precarice el trabajo y mantenga la salud y la pensión como negocios en lugar de derechos universales.
No votaría por quien choque con los derechos de las minorías, equidad de género y libertades civiles consolidadas en el país, que significaría un retroceso en el reconocimiento y la protección de la diversidad social, ni por quien insista en el “castrochavismo” para descalificar a sus contradictores, lo que impide los consensos nacionales y exacerba la división entre los colombianos.
No votaría por quien favorezca los modelos tradicionales de producción y extracción, en contra de la necesidad de políticas de mitigación frente al cambio climático, ni por quien defienda la ganadería extensiva sobre la transición energética y la protección estricta de ecosistemas delimitados, como los páramos.
No votaría por quien haya propuesto la creación de una “corte única” o la reforma de las altas cortes, que debilitaría la separación de poderes, alteraría el sistema de contrapesos de la Constitución de 1991 y pondría en riesgo la independencia judicial.
—Entonces, ¿por quién votaría?
— ¿Votaría? No; ¡votaré! Por quien defiende los derechos humanos, con trayectoria legislativa y enfoque de transformación social. Por quien defiende de manera irrestricta la solución negociada al conflicto, con una larga trayectoria como facilitador de procesos de paz y defensor de las víctimas del conflicto armado. Su liderazgo garantiza la continuidad de la implementación del Acuerdo de 2016 y la búsqueda de salidas dialogadas con otros grupos ilegales y prioriza la vida en los territorios rurales. A diferencia de las visiones punitivas o de militarización tradicional, su plataforma promueve el concepto de “seguridad humana”: desmantela las causas de la violencia (pobreza, falta de oportunidades y economías ilícitas) y fortalece la inteligencia y el respeto a los derechos humanos dentro de la Fuerza Pública.
Votaré por quien tiene programas sociales enfocados en reducir la desigualdad histórica del país, con iniciativas como la ampliación de rentas básicas para los hogares más vulnerables, subsidios y apoyos económicos para personas con discapacidad, el fortalecimiento de los sistemas públicos de salud y educación y la defensa de la soberanía alimentaria mediante compras estatales directas al campesinado y el reconocimiento de los derechos territoriales y culturales de las minorías.
Votaré por quien mitigará los efectos del cambio climático mediante la disminución progresiva de la dependencia económica del carbón y el petróleo, que apuesta por diversificar la economía hacia energías limpias, el turismo sostenible y la agroecología. Por quien promueve la defensa de los ecosistemas estratégicos, la delimitación estricta de páramos y la prohibición de prácticas de alto impacto ambiental, como el “fracking”.
Votaré por quien ha ejercido control político en el Congreso durante años y ha denunciado nexos entre políticos y grupos paramilitares. En su gobierno, priorizará la transparencia institucional, la independencia de los organismos de control y la meritocracia en el empleo público.
Votaré por quien facilitará la consolidación de Colombia como un líder en la integración latinoamericana y un referente global en políticas de paz y justicia ambiental.


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