
Beatriz Vanegas Athías
Escritora, profesora y editora
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Es una estrategia comunicativa muy usada en esta campaña electoral. Lo ha sido durante el saliente gobierno progresista del presidente Gustavo Petro. La falsa equivalencia es el arte de mentir con argumentos que en el fondo permiten generar una apariencia de imparcialidad o reforzar una posición argumentativa, aunque el razonamiento subyacente sea defectuoso y mentiroso. Se sabe que existen diferencias importantes que hacen que la comparación sea engañosa o incorrecta, pero se insiste en ella una y otra vez con el objetivo de minimizar o maquillar la monstruosidad de una de las dos posiciones o sujetos comparados. Por ejemplo, mientras el candidato Papucho defiende a miembros comprobados de la mafia, del paramilitarismo y delincuencia organizada; el candidato Iván Cepeda ha legislado desde el senado de la República para la defensa de las víctimas del conflicto colombiano y del exterminio del movimiento político de la Unión Patriótica.
Entonces se enuncia esta falsa equivalencia: «Todos los extremos son iguales.» Es falsa la comparación porque ignora diferencias sustanciales entre los grupos o ideologías que se comparan, como sus métodos, objetivos o el daño que efectivamente han causado durante décadas de violencia. Para sostener que son equivalentes habría que demostrar que esas diferencias no son relevantes, algo que muchas veces no ocurre, porque mientras el Papucho ha estado del lado del victimario del conflicto; Iván Cepeda se ha situado en la defensa de los derechos humanos de las víctimas.
Sería pertinente y lúcido al momento de votar hacernos los siguientes cuestionamientos: ¿Las dos candidatos comparadas pertenecen realmente a la misma categoría de extremos? ¿Tienen consecuencias semejantes? ¿Se están omitiendo diferencias relevantes? Si nos respondemos con pausa y serenidad, pensando, tal vez terminemos por concluir que estas falsas equivalencias simplifican en exceso una realidad compleja. Por eso Papucho apela a lemas, eslóganes, consignas repetitivas y pegajosas para que no se piense porque detrás de él hay una maraña perturbadora y vulgar que hay que maquillar, por eso su campaña apela al canto vacío como quien canta y baila: “Mala mujer no tiene corazón, mala mujer no tiene corazón: ¡mátala, mátala, mátala, mátala!” Y así cantando y bailando se autoriza el femicidio.
Muy triste es ver caer en falsas equivalencias a maestras y maestros que creía lúcidos y generosos. Los invito a no caer en ellas, es el porvenir, ese que está por venir como dice Ángel González el que corre riesgo de ser caótico y sangriento si se escoge a topa tolondra al Papucho.


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