
María Cristina Camacho Durán
Docente, Psicóloga, Gestora cultural
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Hay momentos y situaciones que hacen que cambie el sentido de la vida: una catedral que puede colapsar, un divorcio, una pandemia, una fecha en la que, por pura coincidencia, ocurren cosas inolvidables por bellas o por dolorosas.
Corría el año 2019 cuando, a través de una llamada inesperada, escuché al arquitecto socorrano Rodrigo Medina, quien me transmitió, con su tono de voz, una pasión indescriptible y angustiosa por crear una asociación que terminó llamándose Socorranos en el Siglo XXI, con el propósito de ayudar, promover y gestionar acciones y proyectos que permitieran el desarrollo turístico, histórico y, por ende, cultural de nuestro pueblo, con la participación de quienes habitamos en el municipio y de lo que llamamos las colonias, ubicadas en diferentes lugares del mundo.
Nuestra mayor preocupación era —y sigue siendo— el lamentable estado en que se encontraba y se encuentra la estructura de nuestra llamada, con nostalgia, catedral.
Pero la pregunta de ayer y de hoy, infortunadamente, sigue siendo la misma: ¿qué pasa con la Basílica? ¿Qué importancia ha tenido en la historia del Socorro? ¿Qué es lo que tiene ahora? ¿Por qué no se arregla?
Miremos.
Desde 2012, el Ministerio de Cultura elaboró estudios para identificar los problemas que presentaba nuestra Basílica Menor. Aparecieron grietas y dilataciones en muros y pisos. Surgió entonces la necesidad de realizar un reforzamiento estructural. Infortunadamente, alcaldes, gobernadores y la Diócesis de Socorro y San Gil hicieron caso omiso y se dedicaron a maquillarla.
Para conocer un poco de su historia, el Museo de la Casa de la Cultura del Socorro «Horacio Rodríguez Plata» publicó, en marzo de 2018, la segunda edición ampliada de la Reseña Histórica sobre la Catedral de la ciudad del Socorro, escrita por Aurelio Gómez Parra, bellamente ilustrada y cuya carátula muestra una escultura de mármol de un ángel que decora el ingreso principal de la iglesia. La fotografía es del maestro Eduardo León Currea.
Retomemos de allí algunos apartes que vale la pena dar a conocer a propios y visitantes sobre el origen del templo catedral, hoy catalogado como Basílica Menor de la ciudad de El Socorro, orgullo arquitectónico e ícono simbólico de nuestra cultura, una de las razones por las que somos Pueblo Patrimonio de Colombia.
Se lee en dicha Reseña: «Según aclara [el acta] de fecha 28 de noviembre de 1869, esta junta, integrada por un número muy considerable de padres de familia católicos, dispuso proceder a elegir una junta directiva de la obra de reconstrucción de la iglesia matriz del Socorro», que por elección quedó compuesta de cinco miembros principales y cinco suplentes: Evaristo Azuero, Ambrosio Vergara, Francisco Hilario Gómez, Joaquín Gómez, Donato Vargas, Felipe French, Ramón Gómez, Rafael Otero, Miguel J. Uribe y Sebastián León.
La junta así constituida, por acuerdo especial, tomó a su cargo planear lo que debía hacerse, «levantar las suscripciones con tal objeto y arbitrar los recursos para emprender la obra».
Y el 17 de noviembre del mismo año convocó «a todos los vecinos notables con el objeto de resolver definitivamente sobre la reconstrucción del templo o que solo convendría techarlo no más». Esta fue la proposición del doctor Perelli, aprobada unánimemente por quienes concurrieron. Todos convinieron en que debía derribarse la iglesia existente y construirse una nueva desde sus cimientos, «dándole más extensión a lo ancho».
La reunión estuvo integrada por los vecinos notables doctores Narciso Cadena, Carlo Perelli y Miguel J. Uribe, y por los señores Mariano Mujica y Francisco N. Azuero.
Entonces fueron nuestros antepasados quienes aportaron a la construcción del templo. Esa es una de las razones por las cuales consideramos que la Basílica es de todos los socorranos. Hoy no podemos ser ajenos al momento histórico que nos corresponde vivir.
En 1873 se inició la construcción de la obra.
En 1897, el primer obispo de la Diócesis, Evaristo Blanco, se refirió a los retrasos y a la falta de recursos ocasionados por la Guerra de los Mil Días. Entonces se organizaron estrategias para recaudar fondos.
En 1955, finalmente, se inauguraron las obras de embellecimiento del templo. Habían transcurrido 82 años desde el inicio de la construcción hasta ese momento especial.
Si seguimos una línea del tiempo, encontramos que entre 1953 y 2020 —año en que llegué a la Fundación Socorranos en Acción, entidad fundamental en la gestión para la consecución de recursos— se realizaron ocho estudios sobre las patologías estructurales de la Basílica Menor.
En 2020 se declaró el cierre total por parte de la Unidad de Gestión del Riesgo y de la Gobernación de Santander.
En 2021 se ejecutaron los estudios y las obras de primeros auxilios, financiados por la Gobernación de Santander y la Alcaldía de El Socorro. Los trabajos fueron culminados y entregados en abril de 2022. A partir de entonces se levantó el cierre y se permitió su uso parcial.
Posteriormente, se suscribió un convenio entre el Ministerio de Cultura y la Diócesis para actualizar y adelantar los estudios de reforzamiento estructural y restauración definitiva.
En 2023, el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes autorizó la intervención de la Basílica mediante la Resolución n.º 1286 del 17 de noviembre.
Sin embargo, a la fecha no se ha dado inicio a la obra.
Los costos hoy ascienden a dieciséis mil millones de pesos, según la actualización realizada por la Cámara de Comercio de Bucaramanga en la plataforma MGA, requisito indispensable para que el proyecto pueda ingresar al Banco de Proyectos del Departamento Nacional de Planeación y, de esta manera, gestionar recursos de carácter nacional.
Por supuesto, también es fundamental incluir el proyecto en el Banco de Proyectos de la Alcaldía, gestión que está en sus manos, junto con la expedición de la licencia de construcción, labor que corresponde a la administración municipal y que actualmente se encuentra en proceso.
Con la esperanza de que se adelanten las gestiones necesarias entre los interlocutores —Alcaldía y Curia—, otra vez un 17 de noviembre, fecha del nacimiento de mi padre y día en que vence el plazo otorgado por el Ministerio, seguiremos, mientras tanto, con la catedral a cuestas.


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