
Manuel Humberto Restrepo Domínguez
Profesor Titular de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, Ph.D en DDHH; Ps.D., en DDHH y Economía; Miembro de la Mesa de gobernabilidad y paz, SUE.
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Es grave para el país el alinderamiento oficial, ya no mediático, tonto, ni de campaña, del gobierno de Colombia al fascismo internacional al retirar el apoyo a la demanda de Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia de la ONU por el delito de genocidio del sionismo de Israel. Su pretensión de invalidar la CPI, la ONU, la CIDH, la JEP ha arrastrado al país de la orilla de la justicia y las reglas de juego pactadas por la civilización, a la orilla de barbarie e impunidad. El gobierno ha pisoteado la ética y el derecho internacional construido con reglas comunes para sellar el fin del holocausto y metido al país en un claroscuro que socava la convivencia, la paz, los derechos y la dignidad humana.
Es alevosía, traición a la patria, burla a la ley, agresión calculada contra su propio país y retorno a una guerra ya agotada y sin sentido, pero pensada para destruir, tapar, despojar y saquear. Hay persecución narrativa y formal contra los firmantes de paz, la justicia transicional JEP, las sentencias condenatorias por terrorismo de Estado. Hay agravios a la memoria de las víctimas, amenaza a universidades, jóvenes, adversarios y defensores de la paz y derechos. Simbólicamente los actos obsesivos por demostrar afición por las armas, el exterminio y la fuerza bruta para matar, han traspasado la distinción del poder civil al aparecer armado patrullando las calles de una ciudad, llamando a matar delincuentes, en fiel calco de Duterte presidente de Filipinas que hoy está preso por la CPI en espera de ser condenado a cadena perpetua, por actuaciones similares que terminaron con un festín de sangre inocente. Sumado a este marco nada ingenuo, ni espontaneo, su pasarela necrofílica entre cadáveres y la fiereza y vulgaridad con la que saborea la muerte, hace fácil señalar que el país está haciendo tránsito de la grandeza a la degradación, de país querido a país paria, bárbaro.
Las expresiones del presidente, que siguen sus ministros son perfectamente fascistas, autoritarias, demenciales, debilitan y ponen en riesgo al Estado de derecho, la separación de poderes, la constitución de derechos y la democracia hasta ahora conocida. Nada de lo actuado en solo 45 días coincide con la idea de nación diversa, laica y plural que ha construido la sociedad en este siglo. Nada de lo dicho y hecho escapa a evidenciar conexiones con la mugre que se esconde debajo de la alfombra sionista responsable de un sistema global corrupto y criminal que ha roto todas las reglas del DIH y del respeto a los derechos humanos, y que hoy se extiende silenciosamente bajo los pies de América.
El sionismo, al que sirve el gobierno recién instalado en una base militar, aunque sin camuflado, como proyecto político tiene una narrativa que cubre territorios, pueblos y memoriascon corrientes de discriminación racial y colonialismo y una teoría y práctica, que divide a los humanos entre “civilizados” (gente de bien en Colombia, que sigue creyendo que todo va bien e) “incivilizados” (indios, campesinos, negros que se niegan a obedecer), aplicada a Palestina bajo el concepto de “una tierra sin pueblo” (E, Said), a la que ataca con el principio de “tierra nullius” (territorio sin dueño), considerando que pueden apropiárselo como quieran y lo han demostrado con el genocidio.
La compleja arquitectura de poder global sionista es sostenida por una red de mecanismos de control que operan en niveles económico, mediático, político y territorial. Son dueños de redes sociales, grandes medios, sistemas de vigilancia y espionaje, banca e industria militar. Medios de información, educación y comunicación han sido el ámbito donde la infiltración sionista se manifiesta con mayor claridad. Controlan y dirigen la conciencia, en una combinación de gestión de empresas de publicidad y propaganda, conducida por magnates que buscan moldear la narrativa de todo el norte global a favor de Israel usando los libretos de la propaganda nazi.
Esta hegemonía se extiende a círculos editoriales y de producción dentro de las principales empresas mediáticas, incluyendo CNN, NBC News, Washington Post, ABC News, The Guardian y Reuters, donde se configuran sistemas sionistas leales al estado de ocupación y manipulación de la conciencia colectiva, que reproducen sus filiales de ultraderecha en el mundo. En América y latina tienen amplio despliegue y en Colombia se reproducen a través de Caracol, RCN, Semana, RED +, y se espera una arremetida exponencial con la nombrada embajadora Gillinsky hija. La sionización aplicada a la conciencia árabe está en pleno auge en América, con militares, espionaje, boots, alterado el discurso político, religioso, económico y se apresta a entrar a los currículos escolares de la mano de gobernantes fascistas subalternos de EE.UU en Argentina, Chile, Colombia, Perú, Ecuador.
El lobby sionista ha gastado millones de dólares en elecciones para condicionar la política exterior de EEUU y de sus subalternos, operando como una oligarquía multimillonaria con redes financieras y políticas pro-sionistas determinantes en decisiones geopolíticas de gran escala, incluyendo el giro hacia el conflicto con Irán, la negación del genocidio y el despojo y saqueo por parte del gobierno de EE.UU. El poder sionista amplia su influencia y doctrina por toda Latinoamérica y el Caribe, mediante relaciones políticas, económicas y militares, presión y cooptación de dirigentes y altos funcionarios, sobre los que trabajan sin descanso las colectividades judías.La sionización distribuye una intensa hostilidad hacia el islam y los musulmanes y acentúa su narrativa en América bajo la sombrilla de comunismo, terrorismo, guerrilla. El lobby sionista ha sido descrito como el principal patrocinador del sistema de corrupción global, ha exportado las peores operaciones de corrupción política, económica, social y criminal que ataca a la mayoría de países del mundo y ha penetrado los sistemas electorales y con evidentes fraudes impuesto presidentes que tienen en común un elevado nivel de incompetencia, problemas mentales, paranoia y un espíritu de maldad mezclada con obsesiones ególatras y necrofílicas del tipo Trump, Milei, Bukele, Abelardo.
Los hilos de la alfombra sionista van desde la posesión de la tierra que ha sido un eje central de colonización forzada, hasta el control de los algoritmos que determinan lo que vemos y pensamos. Levantar esta alfombra no es un acto de antisemitismo, sino un ejercicio de comprensión histórica y política. “Es ahora el momento de exponer y destruir todo el sistema de confinamiento, desposesión, explotación y opresión” (E:Said), de defender a palestina como símbolo de humanidad y dignidad y de rechazar, condenar, juzgar y castigar y expulsar del poder a los responsables genocidas y gobernantes y dementes aliados, y de crear una genuina hermandad y causa común entre los pueblos del sur. La alfombra solo puede levantarse cuando la verdad se imponga y sea memoria colectiva.


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