
César Torres Cárdenas
Investigador, consultor y profesor
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El pasado jueves 8 de enero, el diario español El País publicó una nota según la cual, a partir de octubre de 2025, personas cercanas al gobierno del Presidente Petro, junto con empresarios que no tienen esa misma cercanía y hasta el Procurador General de la Nación, asumieron la tarea de acercar las posiciones aparentemente antagónicas de Petro y su homólogo estadounidense Donald Trump.
Como consecuencias de esas conversaciones, según el mencionado medio de comunicación, “ (…) Colombia reanudó los bombardeos contra campamentos de grupos criminales y volvió a la fumigación con glifosato sobre cultivos de coca para satisfacer a Trump.”
Si eso fuera así, querría decir que el actual gobierno colombiano ha tomado decisiones con las que, antes, durante y después de tomarlas se ha mostrado en desacuerdo. Dicho más directamente: dice una cosa y, bajo presión del gobierno estadounidense, hace otra.
¿Eso convierte al Presidente Petro en un faltón?
Me parece que no. Creo que él, como cualquier político, hace y ordena hacer actividades tomando en cuenta dos factores distintos: sus propias convicciones y la correlación de fuerzas. Las primeras son mero deseo de hacer, lo orientan y, la segundas, le muestran lo que es posible ejecutar.
Él, como todos los humanos, no puede realizar todo lo que quiere. Sobre todo, cuando sus actividades e intereses chocan con los de otros humanos que tienen más poder, más fuerza. Se comprobaría, así, un viejo aserto de la ciencia política: las personas piensan y toman decisiones en el marco de las condiciones en las cuales viven.
También queda comprobado que el verbo culto, encendido y agitador de Gustavo Petro no es tan radicalmente anti imperialista como lo percibe y lo combate el centrouribismo. En ese sentido, Jorge Robledo y sus huestes pueden dormir tranquilos: el actual gobierno de Colombia no hará la revolución nacionalista y democrático-burguesa que el MOIR intenta hacer desde hace más de 60 años. Ese deseo político sigue siendo de su propiedad y ahora la pueden poner a disposición del MIRA o de cualquier otro partido que tampoco tenga proyecto político.
Las otras figuras, incluidas las candidaturas presidenciales del centrouribismo, deberán afinar su discurso y no seguir yendo a Estados Unidos a acusar al presidente de anti yanki porque su idiotez va a quedar al descubierto.
En cambio, queda una pregunta en el aire: ¿Los cambios intempestivos en la política de Paz Total también han sido sugeridos o impuestos por el gobierno de los Estados Unidos?
La pregunta surge porque el mismo 8 de enero de este año, El Espectador informó, citando a Petro, que éste había hablado telefónicamente con Trump y le había ofrecido “quitar el mayor factor de violencia entre Colombia y Venezuela, que hoy por hoy se llama el Ejército de Liberación Nacional (…)”
La verdad es que el intento de desguazar y eliminar de raíz ese Grupo Armado Organizado (GAO) lo está haciendo este gobierno desde agosto de 2023. A partir de enero del año pasado, intenta quitar ese factor de violencia en el Catatumbo concentrando un mayor número de efectivos, aumentando su potencia de fuego y aliándose con el denominado Frente 33 de las disidencias de las inexistentes FARC. Todo, con armas, entrenamiento y apoyo logístico de los Estados Unidos.
Resulta inevitable, entonces, hacerse otro par de preguntas: ¿Si ya lo está haciendo, Presidente Petro, para qué dice que lo hará? ¿Está ofreciendo esa parte del territorio colombiano para lanzar, desde allí, una ofensiva terrestre contra Venezuela o poniendo a disposición de las empresas estadounidenses las riquezas que hay en esa parte de nuestro subsuelo?
Como decía Austin Harrison en la famosa serie El Precio de la Historia, No lo se Rick…


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