Lenguaje de campaña para sobrevivir en el congreso desde 2026

Gustavo Melo Barrera
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Prólogo necesario
Este no es un ataque. Es un homenaje. Un tributo respetuoso a la imaginación sin frenos de cierta oposición que, frente a un gobierno real, prefiere inventarse uno de ciencia ficción. Aquí no se juzga la ideología: se analiza el discurso, ese animal retórico que aparece cada cuatro años prometiendo el apocalipsis… y luego pidiendo likes.
A de “Ahora sí nos volvimos Venezuela”
Definición: Frase comodín que se usa cuando no se ha leído el plan de gobierno, el presupuesto ni la Constitución.
Cómo reconocerla: Viene acompañada de una imagen borrosa de Caracas… de 2014.
Traducción real: “No sé cómo funciona el Estado, pero tengo miedo”.
B de “Bogotá está peor que nunca”
Definición: Diagnóstico nostálgico emitido por personas que juraban que antes todo era mejor, incluso cuando no lo era.
Indicador de campaña floja: No hay cifras, solo recuerdos y rabia.
C de “El país se va a quebrar”
Definición: Profecía económica que ignora que Colombia lleva décadas “quebrándose” sin quebrarse del todo.
Uso electoral: Ideal para asustar sin explicar nada.
D de “Petro odia a los empresarios”
Definición: Afirmación emitida desde un iPhone, en un café de cadena internacional, mientras se factura por consultoría.
Falla lógica: Confundir regulación con odio.
E de “Este gobierno no deja gobernar”
Definición: Queja clásica del que perdió las elecciones pero no la costumbre de mandar.
Síntoma: Nostalgia por el poder sin votos.
F de “Antes había orden”
Definición: Eufemismo elegante para decir “antes no me tocaba ver los problemas”.
Traducción: El desorden siempre estuvo, solo que ahora sale en el noticiero.
G de “La inseguridad nunca había estado así”
Definición: Frase reciclada desde 1990, válida para cualquier año y cualquier alcalde.
Señal de alarma: No menciona contexto, ni regiones, ni políticas.
H de “Esto es castrochavismo”
Definición: Palabra mágica que sirve para cerrar debates sin abrir libros.
Nivel de argumento: Meme.
I de “El gobierno improvisa”
Definición: Crítica válida… cuando viene acompañada de ejemplos reales.
Problema: Casi nunca los trae.
J de “Todo es culpa de Petro”
Definición: Teoría unificadora del universo político colombiano.
Aplicación práctica: Desde el precio del café hasta el clima.
K de “La gente ya se cansó”
Definición: Afirmación basada en el círculo social del hablante y su grupo de WhatsApp.
Método científico: Ninguno.
L de “Nos van a quitar la propiedad privada”
Definición: Mito urbano con más vidas que un gato.
Efecto: Pánico innecesario, cero pruebas.
M de “Este no era el cambio”
Definición: Frase favorita de quien esperaba milagros en seis meses.
Error común: Confundir cambio con magia.
N de “La prensa está amordazada”
Definición: Declaración hecha en horario prime time, transmitida en todos los canales.
Ironía: Total.
O de “El país está polarizado”
Definición: Diagnóstico correcto, usado por quienes viven de la polarización.
Paradoja: Se quejan mientras la alimentan.
P de “Antes vivíamos mejor”
Definición: Idealización selectiva del pasado.
Dato curioso: Pregunte “quiénes” y verá el silencio.
Intermedio necesario (antes de que sigan las frases)
Si hasta aquí el lector siente cansancio, irritación o una ligera sensación de déjà vu, no es culpa del texto:
es el efecto secundario de escuchar los mismos argumentos repetidos con distinta corbata.
Esta primera mitad del diccionario demuestra algo simple y preocupante:
la oposición no siempre discute al gobierno, muchas veces discute una caricatura del gobierno, diseñada para ser combatida con frases cortas y miedos largos.
Pero no se confíe.
Aún faltan letras.
Y como en toda campaña, las más ruidosas suelen aparecer al final.
La segunda parte no profundiza: insiste.
Porque cuando el argumento se agota, la retórica no se rinde… se multiplica.
Esta columna continuara porque el diccionario tiene más para no olvidar en esta campaña del 2026.
El alfabeto todavía no termina acá.


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