
Víctor Solano Franco
Comunicador social y periodista
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Nota del autor: Columna no apta para cepedistas, fajardistas, uribistas y “felinos”, pero es una lectura que busca sentar más preguntas que certezas y que no tiene la pretensión de ser palabra sagrada. Miradas puede haber tantas como votantes y de eso se trata este ejercicio.
A pocos días de que se abran las urnas este 8 de marzo de 2026, la más reciente medición de Invamer Colombia Opina (#20) no es simplemente una fotografía del momento: es un sacudón al tablero político. Las consultas interpartidistas no solo están ordenando las cargas; están redefiniendo liderazgos, visibilidades y expectativas. Y, como suele ocurrir en política, las matemáticas no son lineales.
La primera gran sorpresa viene desde la izquierda. En la consulta “Frente por la Vida”, Daniel Quintero arrasa con un 68,1% frente al 23% de Roy Barreras al que muchos veíamos como el nítido candidato de esa consulta. No es un resultado menor. Barreras representa la experiencia, la maquinaria, el oficio parlamentario y hay que decirlo, la politiquería. Quintero, en cambio, capitaliza el voto de opinión. El mensaje es contundente: las estructuras tradicionales no garantizan victoria cuando el electorado quiere algo distinto. Incluso el propio director de Invamer admitió que el resultado fue sorpresivo, tanto que Quintero ni siquiera estaba incluido en el escenario principal de primera vuelta.
Ahora bien, una cosa es ganar la consulta y otra muy distinta es competir con posibilidades reales en una elección nacional. Hoy el puntero indiscutido es Iván Cepeda, con un sólido 37,1% en intención de voto para primera vuelta. Cepeda no solo lidera en la izquierda; parece estar capturando parte del voto moderado, beneficiado por la dispersión y la fuerte polarización en la derecha. En escenarios alternativos donde se incluyó a Quintero en la carrera general, su intención apenas alcanzó el 1,4%. La distancia es abismal.
El centro, como siempre, es el territorio en disputa. Y aquí la encuesta deja otra señal potente: la estrategia de Sergio Fajardo de mantenerse al margen de las consultas podría estarle pasando factura. Su intención de voto cayó del 8,5% en noviembre al 6,6% en febrero. Las consultas, más allá de su resultado, otorgan visibilidad y arrastre mediático. Fajardo decidió no jugar en esa cancha. ¿Fue un error? Tal vez no definitivo, pero sí costoso en términos de exposición. Como advierten algunos analistas, tiene recordación y experiencia en estas lides; el centro aún no ha tomado una decisión definitiva. Pero el tiempo corre. Sigo creyendo que Fajardo podría ser un excelente gobernante, pero tiene un lastre de mal candidato…
Mientras tanto, Claudia López emerge como la gran beneficiada del momento. Pasó del 4% en noviembre a casi un 12% en la medición actual. Su participación en la consulta le dio aire, foco y narrativa. Hoy ocupa un espacio que históricamente disputaba Fajardo. El centro comienza a reconfigurarse y López parece entender mejor la lógica de la coyuntura: quien no se expone, no existe.
En la centro-derecha, Paloma Valencia lidera la “Gran consulta por Colombia” con 41,6% dentro de su coalición y marca 10% en el escenario de primera vuelta. Es un crecimiento notable frente a mediciones anteriores donde apenas figuraba. Pero aquí surge la pregunta inevitable: ¿basta con sumar los votos de la consulta para derrotar a la izquierda?
En teoría aritmética, sí. La consulta de la centro-derecha agrupa alrededor del 34,3% de la intención. Pero la política no es una hoja de Excel. Los votos no se transfieren automáticamente. Quien vote por un candidato derrotado no necesariamente acompañará al ganador. Además, el 52,6% de los encuestados dice preferir un candidato que dé continuidad a las políticas del gobierno actual, frente a un 43,5% que optaría por la oposición. Esa base le da a la izquierda un punto de partida favorable.
¿Podría Paloma Valencia superar a Abelardo De La Espriella, quien hoy marca 18,9%? Sería probable en un escenario en donde lograse absorber disciplinadamente los votos de su coalición, pero eso difícilmente pasa en la práctica. ¿Podría derrotar a Iván Cepeda? Mucho más difícil. Tanto Valencia como De La Espriella cargan con altos niveles de resistencia en sectores moderados. En un escenario polarizado, el votante de centro podría ver en Cepeda una opción menos radicalizada y, por tanto, más viable. En otro segmento de la centro-derecha, Paloma sería preferible como candidata que De La Espriella.
En síntesis, la encuesta revela tres tendencias claras: las maquinarias ya no son garantía de triunfo; las consultas son una plataforma de lanzamiento poderosa; y el centro sigue siendo el fiel de la balanza. El 8 de marzo será apenas el primer round. Después vendrá la verdadera batalla: consolidar apoyos más allá de las tribus propias. Mientras analistas y estrategas hacen cuentas, el electorado —siempre impredecible— tendrá la última palabra. Y si algo demuestra esta medición es que el tablero está lejos de estar definido.


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