
Víctor Solano Franco
Comunicador social y periodista
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Las elecciones legislativas y las consultas interpartidistas celebradas en Colombia no solo definieron la composición del próximo Congreso. También dejaron pistas muy claras sobre cómo se está reconfigurando el tablero político de cara a las elecciones presidenciales de 2026. Como suele ocurrir, las urnas no solo cuentan votos, cuentan historias.
Los resultados, reportados por diversos medios internacionales, muestran un Congreso fragmentado y una competencia presidencial que empieza a perfilar nuevos liderazgos y a desmontar varias hipótesis que se daban por ciertas en el debate público.
Una de esas hipótesis era la supuesta “derrota” del expresidente Álvaro Uribe Vélez. Durante la jornada electoral, algunos sectores celebraron lo que consideraban su “quema” al no obtener una curul en el Senado. Pero esa interpretación ignora un detalle estratégico fundamental: Uribe nunca estaba compitiendo realmente por ese escaño.
Ubicado en la posición número 25 de la lista cerrada del Centro Democrático, su papel era otro: servir de anclaje electoral. En política, el nombre fuerte de una lista puede atraer votos que terminan beneficiando a quienes sí están en posiciones elegibles. Esa fue precisamente la lógica de la jugada. Más que una derrota, fue una estrategia inteligente para movilizar electores y asegurar representación parlamentaria para su partido. Adicionalmente, su figura fue determinante en el ascenso de Paloma Valencia al cohesionar a gran parte de la derecha tradicional alrededor de su nombre para vencer en ‘La Gran Consulta’.
En el extremo opuesto del espectro ideológico aparece otra paradoja interesante: el caso de Iván Cepeda Castro. Algunos podrían preguntarse cómo es posible considerarlo uno de los ganadores de la jornada si ni siquiera participó directamente en estas elecciones. Pero la política también se mide por las ausencias que pesan.
La consulta de la izquierda que pretendía disputarle liderazgo —encabezada por Roy Barreras y Daniel Quintero— no alcanzó una votación significativa. El resultado envía una señal clara: la izquierda colombiana parece estar más cohesionada alrededor de Cepeda de lo que muchos suponían. Si Barreras o Quintero quieren seguir siendo jugadores relevantes en la arena política, lo más probable es que terminen adhiriéndose a la campaña de Cepeda. En política, la gravitación de un liderazgo se mide precisamente por la capacidad de ordenar a los demás. Y adicionalmente, su colectividad fue la más votada en el Congreso lo cual le asfaltaría el camino en su eventual Presidencia.
Pero si hubo un fenómeno electoral que sorprendió incluso a los analistas fue el de Juan Daniel Oviedo. Con una votación superior a 1,2 millones de personas, Oviedo demostró que su capital político no se limita a Bogotá. Su respaldo se extendió por distintas regiones del país, lo que revela dos cosas importantes: Que su perfil técnico y su discurso moderado tienen resonancia nacional. Y la segunda, quizá más relevante, que hoy se posiciona como el jugador más fuerte del centro político colombiano, superando en este momento a figuras que durante años ocuparon ese espacio. Si Oviedo acepta la postulación para la fórmula vicepresidencial de Paloma Valencia, como todo parece indicar, y si se da una buena conversación alrededor de los principios, podría ser una opción bastante interesante ya no solo para la derecha sino para el centro del país.
Ahí aparece otra confirmación de las hipótesis que rondaban esta elección: el debilitamiento relativo de Sergio Fajardo como referente del centro. Su decisión de no participar en ninguna consulta interpartidista parece haber sido un error estratégico. Mientras otros candidatos aprovecharon ese escenario para ganar visibilidad, movilizar electores y construir narrativa política, Fajardo quedó fuera del momento mediático más importante del calendario electoral.
La consecuencia es evidente: su camino para convertirse en la llamada “tercera vía” hacia la presidencia se vuelve cada vez más estrecho.
En el mismo terreno del centro político, Claudia López tampoco logró una votación lo suficientemente contundente como para consolidarse como la gran alternativa moderada del país. La disputa por ese espacio sigue abierta, pero el impulso que mostró Oviedo sugiere que el centro está en proceso de reorganización.
En síntesis, las elecciones legislativas dejaron varias lecciones. Primero, que las estrategias electorales a veces se interpretan mal cuando se analizan solo desde el resultado inmediato. Segundo, que la izquierda parece entrar a la carrera presidencial con una mayor cohesión de la que muchos anticipaban. Y tercero, que el centro político colombiano está viviendo una transición de liderazgos que podría redefinir completamente el mapa electoral, como jugadores finalistas o como árbitros en la final.
Las elecciones al Congreso suelen ser vistas como un simple preludio de la contienda presidencial. Pero esta vez parecen haber sido algo más: el primer capítulo de una historia política que apenas comienza a escribirse.
Y si algo nos enseñó esta jornada es que, en política, las narrativas cambian rápido, los liderazgos emergen cuando menos se espera y las certezas de ayer pueden convertirse en los errores de análisis de mañana.
Adenda: El anuncio de Juan Manuel Restrepo como fórmula vicepresidencial de Abelardo de la Espriella también podría morigerar la ultraderecha que representa el abogado y atraer a muchos de la derecha que serían atraídos por la faceta técnica de Restrepo.


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