
César Torres Cárdenas
Investigador, consultor y profesor
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Ya se sabe cómo será el congreso durante los próximos 4 años. Todos los partidos y grupos que participaron, mas tarde o más temprano, se declararán ganadores. Pero las cifras muestran que ningún partido tiene los suficientes votos parlamentarios para gobernar sin llegar a acuerdos con otras fuerzas políticas.
Eso quiere decir que el partido ganador es la minoría más grande. Y gane quien gane las elecciones presidenciales, tendremos un gobierno que deberá construir una coalición con algunas personas que hoy son sus adversarias.
¿Cómo irá a lidiar el próximo presidente con esa situación?
Me parece que hay tres modos de hacerlo: la más tradicional, que consiste en crear un gabinete multipartidista de gobierno, repartir puestos entre los partidos de la coalición y contratos entre amigos y relacionados de esos partidos; la menos creíble, que pretende construir un acuerdo programático en el que queden claramente especificadas qué iniciativas van a ser respaldadas y en qué orden se presentarán para el debate parlamentario. La tercera, podría ser una mezcla de las dos anteriores.
La primera y la tercera abren campo a las prácticas corruptas, pero pueden facilitar la acción presidencial. La segunda ayuda a depurar las costumbres políticas, pero quien gobierne quedará muy aislado y tendría que ejercer el poder a punta de decretos.
Por lo visto y por lo hecho por ellas a lo largo de su vida, a Paloma Valencia y Abelardo de La Espriella se les daría más fácil pactar con corruptos e incluso con paramilitares. El que tiene más dificultades para celebrar ese tipo de acuerdos es Cepeda, sobre todo después de leer sus discursos sobre la gran revolución ética que pretende liderar.
A Iván Cepeda le queda más fácil superar la dificultad construyendo un acuerdo programático, con absoluta claridad y priorización de las iniciativas de Ley que promovería la eventual coalición de gobierno. Lo digo porque es el único que, hasta ahora, ha presentado una especie de programa y porque ha hecho una campaña basada en ideas y propuestas. La pregunta sería: ¿hay con quién hacer ese tipo de pactos? ¿Cepeda tiene el talante necesario para esas negociaciones largas y, posiblemente, llenas de pequeñas trampas?
Ser presidente nunca es fácil. Pero es más difícil, cuando el legislativo se opone a todo lo que proponga el ejecutivo. Tendremos un presidente en dificultades gobernar a menos que tenga ánimo de pactar y encuentre congresistas y fuerzas políticas dispuestas a llegar a acuerdos.
Hoy, después de la jornada electoral, podríamos decir lo mismo que decimos desde 1958: triunfó la democracia, el presidente dio muestras de ser un gran demócrata que respeta la constitución y las leyes.
Pero tendremos que agregar un par de frases: por primera vez en la historia de Colombia un grupo político que no proviene de los dos partidos tradicionales ni cuenta con el apoyo de los grandes grupos económicos hizo unas elecciones internas para elegir a sus candidatas y candidatos al Congreso de la República. Así, hizo sus listas y, como fueron las que más votos recibieron, tendrá la mayor cantidad de senadores y representantes a la Cámara.
Y el uribismo languidece hasta dejar a su fundador sin curul y sin fuero para cubrirse ante la acción de la justicia.


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