
César Torres Cárdenas
Investigador, consultor y profesor
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La noticia política del año ha sido la polarización. Se le ve como si fuera el origen de todos nuestros males y se le atribuye el poder de convocar a la violencia.
Con ella se pretende explicar que el Congreso de la República no le tramite ninguna iniciativa legislativa al gobierno actual y que, además, las altas Cortes tumben nombramientos, declaren inconstitucionales varios actos legislativos y le hagan desplantes -rayanos en la vulgaridad- al Presidente Petro.
A la polarización también se le atribuye que el primer mandatario salga con respuestas destempladas y discursos llenos de excesos retóricos y señalamientos que rebasan, con mucho, el protocolo y las buenas maneras que se esperan de quien ostenta esa dignidad.
Puede ser que todo eso sea cierto. Pero también lo es que, gracias a la polarización ahora conocemos más y mejor a sus principales protagonistas: si uno les pone cuidado a ellas y ellos, verá cómo se les escurren las verdades. Aunque no quieran.
¿Se acuerdan, por ejemplo, del día que Álvaro Uribe Vélez, ya muy molesto con la pregunta acerca de quién había dado la orden para hacer la Operación Orión en la comuna 13 de Medellín, con apoyo de paramilitares, se volteó hacia la multitud y gritó muy retadoramente que él había dado la orden?
Ese es sólo un ejemplo. Pero hay miles. Aquí va otro: para polarizar y generar desprecio, se publicaron sospechas acerca de la vida privada del presidente, de sus hijas y de sus ex esposas. Incluso, reputados periodistas se toman la libertad de insultar a la familia presidencial y esparcir rumores, con toda tranquilidad. Y, claro, la gente que vive de afán, sin tiempo para contrastar información, empieza a repetir y repetir y repetir.
¿Se acuerdan de la vez que Petro, ya cansado de rumores sobre sus actividades extra presidenciales, decidió publicar sus cuentas bancarias?
Aunque circulan muchas tonterías y mentiras, la bendita polarización nos está permitiendo saber cada vez más. Y, claro, cuando una persona está mejor informada, puede tomar mejores decisiones. Miremos el siguiente ejemplo.
En medio de ese ambiente caldeado, el gobierno presentó un Proyecto de Ley de Financiamiento, cuyo propósito fue descrito así por Diego Casas, experto en impuestos de la firma EY Colombia: “Aunque la meta inmediata es aumentar los ingresos fiscales, la propuesta va más allá de un simple ajuste recaudatorio como foco y eje central: introduce modificaciones al sistema tributario en materias del IVA, renta, impuesto al patrimonio y tributación de personas naturales, consumo y tributos ambientales, al tiempo que incorpora incentivos para la transición energética y de amnistías para regularizar obligaciones tributarias.”
La Comisión Cuarta del Senado negó la ponencia positiva a este proyecto y detuvo así el trámite legislativo. Eso quiere decir que se creó un «hueco fiscal» que impide financiar, entre otras cosas, los programas sociales y las inversiones prometidas por este gobierno para el año 2026. La oposición no cabía de la dicha: saltaban, brincaban, se felicitaban y gritaban mostrando su felicidad.
Ahí se vieron las caras de todas y todos los protagonistas. Supimos quiénes votaron a favor de esa propuesta de ley y quiénes lo hicieron en contra; ahora sabemos cuáles parlamentarios van a las sesiones y cuáles se dedican a la vagancia parlamentaria, cuáles estudian los proyectos y cuáles son realmente unos parásitos que se comen parte del presupuesto sin hacer nada más que ir a votar o, cuando están en minoría, abandonar el salón, romper el quorum y, de esa manera, evitar la discusión de los proyectos que deberían discutir.
Ante esa situación el Presidente declaró la emergencia económica que le permitiría decretar, por supuesto sin trámite alguno, las medidas que estaban en la propuesta de Ley de Financiamiento.
También sabemos, gracias a la polarización, que el decreto que declaró la emergencia económica, pasará a estudio de la Corte Constitucional, presidida por el Magistrado que se ha hecho famoso porque dijo, en recinto judicial, que su hijo (al que no ha reconocido) fue fruto de una violación de la que fue víctima ese pobre hombre. Todo se sabe.
En esas estábamos cuando se supo que no hubo acuerdo sobre el salario mínimo y que, entonces, lo decretará el gobierno. Muchas veces ha pasado lo mismo. Pero en esta oportunidad, según dijo Antonio Sanguino, Ministro del Trabajo, no se decretará teniendo en cuenta solamente el índice de precios al consumidor (IPC) o el de la inflación.
Tendrán en cuenta lo planteado por el Papa León XIII en la encíclica Rerum Novarum (1891) la definición que al respecto ha dado la Organización Internacional del Trabajo “Es el ingreso necesario para asegurar un nivel de vida digno a los trabajadores y sus familias”, y lo contemplado en el artículo 53 de la Constitución Política de Colombia.
Al momento de escribir este artículo no se ha publicado decreto alguno sobre el salario mínimo. En cambio, se informó que nueve personas, de distinta procedencia social, fueron a la Registraduría y radicaron la solicitud para inscribir el comité promotor de la convocatoria a una Asamblea Constituyente.
Parece que el país ha dejado de obedecer ciegamente. La polarización nos permite acceder a información que afecta nuestras vidas y antes se consideraba secreto de Estado. En 2026 sabremos más y talvez, como dijo el precandidato Juan Daniel Oviedo, la situación siga mejorando y seamos más felices.
Quizá se nos cumplan los presagios cuando al final del 31 de diciembre estemos deseando el feliz año y escuchemos la canción de Hugo Liscano y Javier Galué: un feliz año pa’ ti


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