
César Torres Cárdenas
Investigador, consultor y profesor
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Hace un par de meses almorcé con un grupo de amigos de lo que aquí llamamos “la derecha”. Unos más uribistas que otros. En ese momento, les conté a ustedes que el gran drama de ese sector político es que sus candidato/as estaban involucrados en hechos de corrupción, paramilitarismo o narcotráfico, y les es prácticamente imposible sostener un debate sobre los grandes problemas y las urgentes soluciones que tiene Colombia.
A partir de entonces, he insistido en que los partidos que se oponen al gobierno Petro harían bien en construir una candidatura viable; es decir, una candidatura sin probables vínculos con el delito y que, además, proponga algo diferente al odio al actual presidente y al uso de la violencia para resolver absolutamente todos los conflictos.
Este fin de semana visité a un grupo de amigos del Pacto Histórico (PH). Quedé convencido de que la izquierda electoral haría bien en bajarle dos rayitas al triunfalismo desbocado y dedicar sus esfuerzos a buscar votos, dando por cierto lo que dijo Armando Benedetti: Paloma Valencia le puede ganar a Iván Cepeda en segunda vuelta porque “(…) si los candidatos son Cepeda y Abelardo, el centro se va con Cepeda. Si Paloma logra subir y restarle puntos a Abelardo, y sube Paloma, muy seguramente el centro se iría con Paloma”.
Quedé convencido de que a esta izquierda le caería bien asumir que puede perder. Y le irá mejor si deja de echarle la culpa a Roy Barreras por haber aprovechado el fallo del Consejo Nacional Electoral (CNE) que sacó a Cepeda de la consulta del Frente por la Vida; al ministro de Minas por promover el apoyo de una parte de la dirigencia sindical al mismo Barreras; o, finalmente, a Francia Márquez por la decisión que tomó su movimiento político de apoyar a Roy.
Si ya saben que su triunfo no es seguro, sino que está en la cuerda floja, pueden poner especial énfasis en salir a buscar votos uno a uno. Conversando, escucharán qué es lo que la gente necesita y quiere; cómo las medidas tomadas por el actual gobierno han mejorado o no la vida de quienes no están en la movida política; y, entonces, podrán mostrar los logros obtenidos y lo que quieren hacer el próximo cuatrienio.
Ojalá no vengan a nuestros hogares con actitud de propagandistas religiosos que pretenden convencer de sus verdades de manera aburridora. Que no traigan sus peleas internas ni sus descalificaciones mutuas.
Ahora bien, la posibilidad de que la izquierda pierda no depende solamente de hacia dónde se mueva el autodenominado centro, que es como lo analiza Benedetti. Lo que ocurre en el mundo entero también repercutirá en nuestras elecciones y puede perjudicar a ese sector político.
Las candidaturas del Pacto Histórico se mueven en un ambiente global hostil: la dirección política de nuestro hemisferio está siendo tomada por gente como Donald Trump y otros amigotes pervertidos de Jeffrey Epstein.
Ellos quieren usar y abusar de nuestros cuerpos y de nuestros recursos naturales porque se creen dueños de todo. Nos tratan como si fuéramos sus propiedades de ultramar, tal como España nos trató durante la Colonia. Para lograrlo, se apoyan en gente como Javier Milei, quien se enorgullece de quitarles derechos a los más necesitados y entregar los recursos naturales de Argentina a las élites transnacionales.
Esto ya tiene consecuencias en Colombia. Más de una candidatura de la derecha se enorgullece de su parecido con esos dos presidentes y se ofrece como virrey o virreina de Trump en estas tierras.
Es mucha fuerza ideológica y militar, y mucho peso político en contra de las aspiraciones del Pacto Histórico. Claro que el PH puede usar las ventajas de sus adversarios para ganarles, como si fuera un combate de jiu-jitsu: lograr que su odio, sus insultos, sus provocaciones y sus relaciones con los pervertidos se devuelvan en su contra. Para eso, como enseña ese mismo arte marcial japonés, es necesario concentrar toda la fuerza, no desperdiciarla peleando contra quienes serán sus aliados en una muy probable segunda vuelta.


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