
César Torres Cárdenas
Investigador, consultor, Quintuber y director de El Quinto
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La conversación televisada que sostuvieron Westcol y el presidente Petro es un testimonio de la época de cambios políticos y culturales que estamos viviendo en Colombia. Varias imágenes de esa charla atestiguan estas transformaciones.
La primera es que dos hombres de origen humilde recorrieron el palacio presidencial y luego, en las mismas instalaciones, se pusieron a conversar como si fuera lo más natural del mundo. Uno era el presidente y el otro un joven creador de contenido, streamer o infuenciador muy exitoso.
¿Cuándo habríamos podido imaginar una escena así? Era prácticamente imposible, ya que, como se vio cuando recorrían el pasillo en el que están las fotos de los expresidentes, allá solo ha vivido gente que hace parte de muy pocas familias, sus invitados y relacionados. Incluso, como señaló Petro, el único presidente negro y el único indígena no tienen un cuadro que los recuerde. Han sido invisibilizados.
La entrevista desacralizó el lugar. Demostró que la casa de gobierno puede ser un espacio al que pueden llegar gobernantes y gobernados de todas las clases sociales y de diferentes tendencias ideológicas. Que esa casa no es propiedad privada de unas pocas familias que creían tener un derecho privilegiado para habitarla e invitar solamente a sus iguales.
En términos políticos, no electorales, se podría decir que quienes defienden privilegios van perdiendo la exclusividad de ocupar física y simbólicamente el espacio desde el cual se ejerce el poder presidencial. Ahora lo sabemos: ni esa casa, ni el gobierno, ni el poder les pertenece exclusivamente a unos pocos.
La segunda es la cercanía con la que se desarrolló la conversación. No hubo pompa ni puesta en escena para remarcar el desequilibrio de poder entre gobernante y gobernado. Ahí estaba el presidente repantigado en una silla, intercambiando datos, sentimientos, ideas, historias personales y opiniones con un joven que está pendiente de la conversación, pregunta, resalta frases o palabras, intenta chistes, opina a favor o en contra de lo que dice Petro y, entre tanto, se fija en cómo va la transmisión.
Tampoco es tan común que eso ocurra en un país en el que quienes detentan el poder, por más ignorantes y zafios que sean, hablan con solemnidad, mientras ocultan sus errores y delitos detrás de su apariencia de prócer. Son distantes y se creen intocables. Se muestran superiores y, por esa aparente superioridad, la gente vota por ellos.
Pero la entrevista de Petro y Westcol dejo ver que eso también está cambiando. El trato displicente y lejano que los hacía ver como si de verdad fueran los grandes colombianos, los está aislando. Aislados, no pueden conocer y reconocer los cambios que estamos viviendo. Tampoco pueden gobernar un país que ya no los aprecia y del que ignoran casi todo. Por eso perdieron hace cuatro años.
Otra escena muestra que hay una grieta generacional y no social que está siendo superada. Petro y Westcol no hacen parte de las familias que siempre han estado conversando en esa casa, en esa sala, en esas sillas, como si todo eso les perteneciera. Ambos, como dije antes, son de origen humilde. El primero hace parte de las generaciones que confiaron en que estudiar les permitiría cambiar el mundo, destacarse y ocupar un lugar más protagónico o, en últimas, ascender socialmente. El segundo está creciendo en una sociedad que ve el estudio como algo innecesario y el enriquecimiento rápido como el propósito de toda vida humana. Son producto de épocas distintas y sin embargo conversan.
Ustedes los vieron. Ahí estaban charlando un hombre que ha consagrado su vida a la política y otro que ha mostrado total desinterés en ella. ¿Qué hicieron? Se lo dijeron de frente; conversaron, cuestionaron los valores y las convicciones del otro. Seguramente ambos aprendieron cosas nuevas.
El creador de contenido, muchacho vivaz e inteligente, con olfato para los negocios, parecía tener poco interés en la historia de Colombia e ignorar casi todo al respecto. Petro, que siempre parece estar buscando con quién compartir hechos y datos del pasado y del presente, encontró a alguien con quien hablar y se explayó en narraciones y explicaciones. Le compartió sus conocimientos. Westcol, por su parte, le mostró cómo funciona su trabajo en redes, qué logra con tecnología y con su estilo y estrategia; Petro parecía sorprendido.
La brecha generacional sigue ahí, pero esta conversación mostró cómo va siendo superada: personas con valores e ideas contrarias e incluso antagónicas que, pese a esa diferencia, intercambian sus saberes, no usan ningún tipo de violencia para imponer su idea o sus valores o para evitar que el otro hable. El diálogo tranquilo y libre de amenazas es el puente entre una generación y otra.
Esas tres imágenes, juntas, nos muestran una silenciosa transformación de la cultura política que puede tener las mismas consecuencias electorales que tuvo el estallido social de 2021: quien la entienda, podrá acercar a personas como Westcol, que no tienen interés en la política, no viven de ella, no simpatizan con partido alguno o no saben qué importancia tiene el resultado de unas elecciones en sus vidas.
Van a perder quienes no perciban los cambios que mostró esta conversación y sigan confiando en que van a triunfar haciendo contorsiones éticas para lograr acuerdos entre grandes y pequeños electores.
Las y los creadores de contenido que no tengan interés en la política o crean que su trabajo se reduce a gritos y agresiones, van a perder seguidores. Perderán vigencia, como Vargas Lleras o Polo Polo.


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