
César Torres Cárdenas
Investigador, consultor y profesor
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Muere, lentamente, el partido Centro Democrático (CD). Como dijimos en una columna anterior, el CD carece de ideas novedosas, planteamientos políticos, programas de gobierno y nuevas dirigencias. Todo en él parece mohoso, tragado por el tiempo y la desidia. Parece una casa abandonada.
Como si fuera poco, o quizá por todo lo anterior, está lleno de personajes que tienen evidentes nexos con delincuentes, es decir, con paramilitares, mafiosos, corruptos y atracadores del erario. Buena parte de esa dirigencia y un sector de sus votantes más reconocidos por el público adora a los capos sangrientos, se viste como ellos, arrastran el odioso acento con que esos bandidos se presentan en las series audiovisuales. Y no falta quien porte en su vehículo el autoadhesivo del perfil de algún asesino.
Para ocultar esa realidad, el líder, presidente y dueño eterno del partido decidió no apoyar las aspiraciones de Abelardo de la Espriella, quien ha tenido tratamiento tan cercano con los criminales que a veces parece uno de ellos. Uribe, en primera instancia, decidió sacarle el cuerpo y, a cambio, meter a su Paloma en la autodenominada Gran Consulta por Colombia que se llevará a cabo el próximo 8 de marzo.
Sin embargo, el envejecido y otoñal patriarca no ha olvidado hacer las cuentas de pérdidas y ganancias electorales. Sabe que la candidatura única de esa coalición puede obtener muy escasa votación en las elecciones presidenciales. Sabe que, no por nada, el saber popular llama a esa coalición El Cartel de los Solos.
Ya hizo sumas y restas y vio que, ni juntando los posibles votos de todos los participantes de esa consulta, tiene lo suficiente como para derrotar al candidato Iván Cepeda. Entonces, entreabrió la puerta y empezó a desdecirse, a echar reverso.
Dijo que estaría dispuesto a apoyar a Abelardo, si es él quien logra pasar a la primera vuelta presidencial. No le importa que haya sido abogado del exjefe paramilitar Salvatore Mancuso y de Alex Saab, exministro de industria del gobierno de Nicolás Maduro. Y eso que ambos parecían enemigos jurados de Uribe y de los de Uribe.
No debería sorprendernos esa decisión del dueño del CD. El contenido y la estrategia de comunicaciones de las campañas de Paloma Valencia y de Abelardo de la Espriella tienen mucho parecido.
Ambas empresas carecen de programa. Su planteamiento central es que todo lo que hace Petro está mal hecho y su propuesta es odiar al presidente actual y perseguir a puño, pata, palo y bala a todo cuanto les huela a progresismo, petrismo, izquierdismo, cambio social y a sus posibles simpatizantes.
También son similares las estrategias de comunicaciones de esas dos campañas: gente que grita, insulta y amenaza con matar, rematar, militarizar, encarcelar, extraditar y seguir matando; candidatos y candidatas que posan como si fueran militares, se visten de hada madrina, de payaso, de gangster con pantalón entubado y al borde del tobillo. Todas y todos con voces delgadas y estridentes como flautas sin afinar. Más que crear candidaturas, estos productos publicitarios parecen orientados a fortalecer el reconocimiento público de personajes de alguna historieta de dibujos animados.
¿Aun así, pueden ganar? Claro que pueden.
Sobre todo, si el Pacto Amplio, del que hacen parte Iván Cepeda y el Pacto Histórico, se resiste a nacer y a aparecer en la escena política con una personalidad más definida. Empiezan con ventaja porque tienen un gran candidato: un hombre que no pierde la compostura, no se deja llevar al fango de las ofensas personales, explica asertivamente sus ideas y sus actuaciones en la vida pública y privada y es muy bueno argumentando
Aun así, necesitarían precisar la personalidad política de ese Pacto ampliado. Para ello, se requiere presentar propuestas muy concretas, por lo menos en los siguientes tres aspectos que son definitivos para promover un mejor nivel de vida de todas las personas que viven en Colombia: construcción y mejoramiento de vías y rebajas o eliminación de los peajes (con cronograma y destinación de recursos incluidos); reforma estructural a la justicia, de modo que se garantice que nunca más el zar anticorrupción de la Fiscalía será el alfil principal de los carteles de la toga que persisten y que a las altas cortes no vuelvan a llegar personajes como La Calladita y El Violado; eliminación definitiva de los sobresueldos de las y los congresistas.
Una de las herramientas para ganarle a la Gran Alianza por Colombia y a todos los que llegarán a pactar con ella es aprovecharse de su incapacidad intelectual para formular un proyecto de país y unas propuestas de mejoramiento de la situación actual. La otra es hacer una campaña admirable por sus listas de Cámara y Senado: unidos y metiendo julepe colectivamente.
El Pacto Amplio puede construir su programa con planes concretos y tangibles que puedan evaluarse más allá de los discursos y las narrativas, y partir de que nada está ganado hasta que todo esté ganado: Presidencia y Congreso.
Lo demás, es mero relato.


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