
Carlos E. Angarita S.
Investigador en el campo de la Teología Política. Hace parte del Grupo Pensamiento Crítico (Costa Rica), del Grupo Capitalismo e Religião (Brasil) y del Grupo Pensamiento Crítico y Subjetividad (Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia)
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“Fidel is dead!”
Donald Trump.
Veintiseis de noviembre de dos mil diez y seis.
Años atrás –mil novecientos noventa y dos…-
miles de mujeres y de hombres pedaleaban
en las calles de la Isla, al despuntar cada día
iban de sus casas al trabajo
cientos de miles, además, se colgaban como racimos
en las guaguas o en camiones,
caminar también era alternativa,
y volvían exhaustos del trabajo hasta sus casas
(lo cual era decir poco)
a cocinar en sus estufas famélicas o a beber su sed
justo cuando el sol agonizaba de calor.
La gente discutía en esta esquina o en aquella,
en la bodega, en el parque, en la parada
fruncía ceños, alzaba brazos, sentenciaba a veces
con sus dedos y sus manos cada sílaba
mascada o pronunciada,
había quienes aventuraban presagios
de a dónde llegaría
tanta masiva ignota incertidumbre
calcinada en palabras por montones
que no acababan de cuajarse.
De tal modo, sin que alguien lo hubiese dispuesto
el Ágora ateniense se multiplicaba a milenios de haber nacido,
esta vez no distinguía entre
ciudadanos aristócratas y esclavos sin razón;
mulatas, zambos, innumerables negros,
blancos, mestizas incontables se ponían sus alas
y pretendían alzar vuelo
(el sólo intento ya valía)
y mirando sus ojos juntaban las preguntas
sin hallar respuestas,
ni en las cimas de las olas ni en el filo de los vientos.
Lo único verdadero es que había necesidad de comer
para poder sobrevivir…
¡Era la única verdad!
Sobrevivir parecía el triunfo verdadero.
Casi nadie había presentido antes
(tal vez hubo quienes lo habían padecido
-pero lo olvidaron-)
que una miga de pan se deshace en las yemas de los dedos
o un sorbo de leche se evapora al borde del deseo…
¡…tan efímeros…!
En aquel entonces se volvió a aprender
como un nuevo antiguo abecedario
que el trigo hay que sembrarlo y las ubres ordeñarlas
con las mismas manos capaces de caricias
y con las mismas ganas cotidianas
que hacen vecinos a los labios.
La voluntad se transformaba, volvía
a moldearse cual arcilla:
la voluntad de cada quien y la voluntad del pueblo.
Como en el Paraíso primigenio, no obstante, rondaba la serpiente
alentando voluntades prohibidas.
Hubo quienes huyeron. Hubo quienes quisieron irse y no pudieron.
Quienes resignaron voluntades también hubo
y quienes sucumbieron en la pretendida confusión.
En el borde abisal del sinsentido, ¿acaso cupo algún reproche?
Hubo, además, quienes apostaron a moldear
su propia voluntad, con sus mismas manos.
Descubrieron que el instante lo podían inventar.
Descubrieron los sabores de alimentos no enlatados,
los tubérculos de la tierra caribeña,
las esencias dulces, la vacuidad de las vanaglorias,
supieron cuando las palabras son prestadas
y distinguieron el blablablá de los discursos
y que había burócratas y que siempre habrá.
Conocieron como nunca a sus héroes y heroínas,
-hasta entonces de ellas y de ellos tal vez
solamente en los libros de la escuela, o en la televisión o en la radio-
los vieron saltar de las selvas al cemento
y se echaron a andar en los callos de sus pies,
desde aquella hora marchan cada día a la batalla
del quién sabe, del tal vez,
del hasta cuándo compañera, del hasta dónde compañero,
del hasta siempre, siempre caminar…
A estas Evas, a estos Adanes, decididos
a amasar su propia voluntad
ayer los vi llorar, sin vergüenza alguna.
Llenos de dolor y de esperanza salieron a las calles.
Los vi por la televisión, los vio el mundo entero.
Los vi desde mi orilla, bastante avergonzado.
Fue su voluntad bautizarse con otro nombre, uno solo,
decían al unísono: “¡Yo soy Fidel!”
Hoy, se saben también fundadores de aquella gesta épica,
después de haber vivido hace más de dos décadas
aquel “Período Especial”,
se sienten hacedores del dos mil siempre, el tiempo nuevo eterno.
Míster Trump:
con sincera ironía, lamento decirle hoy,
al inicio de su edad de fantasías
que ¡Fidel isn´t dead,
que hay voluntad de arcilla, que hay vida, mucha vida
en esta Cuba, en esta toda Nuestra América…!


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