
Gustavo Melo Barrera
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Dialogo pillado a mis vecinas
Flor:
—Nelly, ¿ya viste que arrancó el Mundial? Todo el planeta con la camiseta puesta, y aquí los entes de control felices porque al fin tienen excusa para no trabajar. Se acomodaron frente al televisor como si fueran hinchas de Brasil, y lo demás… ¡que se lo lleve el viento!
Nelly:
—Claro, Flor. Es que la plata ya está en sus cuentas. ¿Para qué desgastarse persiguiendo corruptos si el gol ya lo metieron ellos mismos? Los árbitros de la democracia se volvieron comentaristas deportivos: hablan de penales, pero callan sobre narco-dólares.
Flor:
—Y mientras tanto, los medios delincuenciales —La Silla Vacía y Red+Noticias— coordinan el famoso Proyecto Júpiter. Ese sí anda desatado, como balón sin arquero: mentiras mediáticas, montajes falsos y maletas llenas de billetes verdes que reparten a políticos, periodistas y tribunales. ¡Qué espectáculo!
Nelly:
—Es que parecen patrocinadores oficiales del fraude. En vez de vender camisetas, venden titulares amañados. Y ojo: no son goles, son autogoles contra la credibilidad del votante. El candidato del cambio recibe patadas por todos lados, mientras los narradores del poder gritan “¡fuera de lugar!” cada vez que alguien habla de justicia.
Flor:
—¿Y los entes de control? Bien gracias. Se acomodaron desde hace rato frente al televisor, con cerveza en mano y la conciencia apagada. El Mundial les sirve de cortina: mientras la gente celebra goles, ellos celebran transferencias bancarias.
Nelly:
—Todo por la plata, Flor. Aquí el verdadero campeonato no es el de fútbol, es el de la corrupción. La FIFA reparte contratos, Trump reparte discursos, y en Colombia reparten maletas. ¡Qué viva el fútbol, señores! Porque mientras la pelota rueda, la democracia se desangra.
Flor:
—Lo más triste es que el pueblo sigue creyendo que está en la tribuna, cuando en realidad lo tienen en la banca, mirando cómo se juega un partido arreglado.
Nelly:
—Exacto. El Mundial será fiesta, pero también cortina de humo. Y en Colombia, los medios delincuenciales seguirán narrando el partido como si fueran comentaristas imparciales, cuando en realidad son los dueños del balón.
Flor:
—Al final, Nelly, todo se resume en una frase: “Que viva el fútbol, señores… todo por la plata”. Porque aquí los goles se cuentan en dólares, las faltas se esconden en titulares, y los árbitros —esos entes de control— prefieren mirar el partido antes que pitar la corrupción.
La fiesta del fútbol y la farsa política se parecen demasiado: ambos son espectáculos donde el pueblo paga la entrada, pero nunca toca el balón. Y mientras Flor y Nelly miran desde su ventana en Medellín, la certeza es clara: el verdadero Mundial se juega en las cuentas bancarias, y ahí los entes de control ya van ganando por goleada.
Adenda: Abelardo y Restrepo, los cracks del ridículo
Flor:
—Nelly, ¿viste la última entrevista de Abelardo? Se puso tan nervioso que confundió la Constitución con el reglamento de la FIFA. Dijo que “los goles se ganan con mano dura” y casi se le escapa que su campaña es más un partido amañado que una propuesta política. ¡Qué personaje! Parece más comentarista de boxeo que candidato presidencial.
Nelly:
—Ay Flor, y Restrepo no se queda atrás. En la entrevista prepagada de Red+Noticias se enredó tanto que terminó diciendo que el país necesita “más árbitros que jueces”. ¡Imagínate! Como si la justicia fuera un partido de microfútbol en la cancha del barrio. Y lo peor: lo dijo con esa solemnidad de quien cree que está iluminando al pueblo, cuando en realidad está apagando la luz del sentido común.
Flor:
—Es que ambos son como delanteros sin puntería: hablan mucho, prometen goles, pero siempre terminan pateando al aire. Abelardo con su estilo de abogado gritón, Restrepo con su tono de profesor despistado… ¡qué dupla! Si fueran jugadores, estarían en la banca por faltas repetidas.
Nelly:
—Y lo más descarado es que esas entrevistas son prepagadas, como si fueran comerciales de detergente. Los medios delincuenciales les ponen el micrófono, ellos repiten el libreto, y el público queda con la sensación de que asistió a un montaje más que a un debate. Proyecto Júpiter les pasa la maleta, ellos sonríen, y los periodistas aplauden como si fuera gol en el minuto 90.
Flor:
—Entonces, Nelly, Abelardo y Restrepo son los verdaderos animadores del circo político. Cada metida de pata es un show, cada entrevista un libreto. Y mientras tanto, los entes de control siguen frente al televisor, celebrando el Mundial y olvidando que la democracia no se juega con narradores comprados.
Nelly:
—Así es, Flor. Que viva el fútbol, que viva la sátira, y que sigan los candidatos de derecha regalándonos material para reír… aunque el país llore.


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