
Nury Mora Bustos
Profesora de las Universidades
Javeriana y Uniminuto
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- Hay tanta des- información respecto a lo que plantea el candidato Cepeda y la fórmula vicepresidencial Quilcué que, desde mis lecturas, me atrevo a escribir lo siguiente:
- Es importante que quienes atacan al candidato Iván Cepeda y lo califican de “guerrillero”, lean su biografía y corroboren su quehacer y de la “mega riqueza” de la que se le acusa. De igual manera, estaría bien que leyeran variadas páginas y miradas de Historia de Colombia, así sea solo desde 1945. Para ello hay películas, música, investigaciones en varias disciplinas, y literatura por doquier. Allí uno se entera de que los problemas sociales del país tienen raíces antiquísimas.
- Entender que hay regiones en Colombia en donde el acceso, no solo a la escuela sino a todo, es imposible. Basta con hacer la ruta, por tierra, Bogotá a la Costa Caribe o Bogotá al Sur de Colombia para darse cuenta de la complejidad topográfica, y con ella de todo lo que se requiere para mejorar la calidad de vida de la gente. Y no es con Fracking. Tampoco fumigando sin contemplación los territorios en donde se cultiva hoja de coca.
- En ese sentido, por ejemplo, un estudio ¿Quién manda en Colombia? Élites, poder, país (2026), de Jenny Pearce y Juan David Velasco, sentencia que “hay sectores de la sociedad que jamás tendrán la posibilidad de una vida digna”; esto porque el problema de nuestro país se centra en la desigualdad. Y de allí se desprenden otros: pobreza, violencia. Esta última no se resuelve con fusil, al contrario, las agudiza. Es más, la misma historia señala que esta estrategia es el punto de partida de muchos etnocidios.
- Lo anterior requiere de unas reformas sociales, resulta imposible hablar de cambio si no se modifica, ajusta, replantea lo que hasta ahora nos han hecho creer que funciona y está bien. Pero, ¿funciona bien para quién? Una sociedad pensada en el hecho de que la igualdad sea un propósito colectivo nos beneficiaría todos. Y esto no es “Comunismo”. Tampoco “Socialismo”. Por lo tanto, urge cambiar en la manera de pensar. Salir de la minoría de edad de la que propone Kant.
- Se agrede a Aida Quilcué porque solo pudo estudiar la primaria, pero dejan de lado que ella ha hecho su lucha en el territorio y no en redes sociales (incluso como lo hago yo). Si le preguntáramos sobre el país, quizá ella dé más razón que muchos de quienes lastiman su origen y su cultura y de quienes han transitado por escuelas de formación superior viendo diapositivas y leyendo lo que otros consideraban se debía escribir. No está mal, las metodologías de las escuelas enfatizan en las investigaciones hechas, pero tal vez no es -no sea- suficiente. Existen fenómenos, en especial los sociales, que se deben ver y experimentar para entenderlos.
- De otro lado, pero casi en la misma línea, es importante seleccionar lo que los medios de información dicen; todos hablan a partir de la comodidad que hoy gozan, eso se llama mezquindad. Los periodistas olvidaron que hacer análisis implica una lectura juiciosa, rigurosa y seria de los fenómenos sociales, culturales, políticos, etc. Opinar con argumentos es imperativo, pero hacerlo con odio, clasismo inútil y violencia discursiva es criminal.
- Abusar del micrófono y el teclado para exponer su bronca construida sobre la falacia “derecho a la libre expresión” es irresponsable. Y también criminal.
Finalmente, hablar de “patria” como lo expone el candidato de la Espriella es hacer eco a lo dicho por Óscar Wilde: “El patriotismo es la virtud de los sanguinarios” (En De Profundis”).
Un abrazo fraterno.


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