
José Aristizábal García
investigador social, escritor, activista, autor de varios libros, entre ellos Amor y política (2015), Amor, poder, comunidad (2024) y La revolución del amor, próximo a aparecer.
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En varias reuniones y en chats he escuchado que much@s amig@s y otras personas de la izquierda política y social se encuentran afectad@s por el miedo.
Es cierto que vamos a tener un cambio no sólo de gobierno sino de régimen y que va a llegar uno represivo, narco-paramilitar, permeado por el crimen transnacional y el sionismo genocida.
Uno que usará ejércitos privados para reforzar su dominación. Y cuyos sectores más radicales impulsarán acciones de venganza y escarmiento sobre dirigentes de la oposición, líderes, activistas, organizaciones y movimientos sociales.
Es lógico que esto produzca algún tipo de temor y prevención.
Pero una cosa es comprender las amenazas y riesgos que ese régimen comporta; y otra, permitir que el miedo se instale en nuestras vidas.
El miedo es la emoción más negativa y contraria a lo que necesitamos para afrontar ese régimen.
Porque el miedo paraliza, inhibe la acción, nos acobarda, tiende a que cada un@ se encierre en sí mismo. Así nos saca de la movilización y de la lucha. Reduce nuestro poder propio y colectivo, nos roba nuestra potencia.
Y eso es lo que quiere ese régimen, lo que necesita para montar su dominación. Si logra imponer el miedo, más fácil y más rápido impondrá sus arbitrariedades.
Frente a ese miedo echémosle mano al amor y a la alegría. La alegría de vivir, de estar vivos, de estar conociendo y compartiendo la experiencia de este mundo y esta época. De reír y disfrutar con nuestros seres queridos y amistades.
Si entre l@s amig@s nos juntamos, compartimos la palabra, algo de comida o bebida, si nos acompañamos, eso nos trae alegría y ahuyenta al miedo.
La afectividad, el amor, nos arropa, es calor humano, calidez, expansión, nos abre a los demás, fomenta la sociabilidad, la comunidad, el común. Está ligado a los cuidados, la hospitalidad, la protección.
El amor es potencia de ser y de hacer. El Eros y el ágape hacen florecer alegrías y cantos.
El amor y la alegría forman un círculo virtuoso, se retroalimentan y mantienen a raya los miedos.
La alegría y el amor están asociados a la esperanza, la generosidad, la clemencia la gratitud y el contento de sí mismo.
La alegría, el buen humor y la risa nos ayudan a salirle al paso a los temores. A ser más recursivos y creativos para superar o alejar las amenazas.
Lo que ahora necesitamos para la resistencia, la desobediencia y la movilización es el coraje. Y este nace y se alimenta de la amorosidad, del amor a la vida, a l@s demás y al sí mismo.
Además, para completar, ahora tenemos un pueblo, una izquierda social y política, una oposición y unos movimientos sociales más fuertes, más experimentados, con más conciencia y confianza en sí mismos y mejores tácticas para enfrentar a la reacción que en períodos anteriores. No estamos solos ni desnudos ante las amenazas. Ahora la lucha será menos desigual. Y confiar en el pueblo es una buena actitud.


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