
Juan C. Echeverry G.
Siempre observo
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No ha empezado el nuevo gobierno y ya el terror empieza a invadir algunos territorios. Transcurrido un día después de las elecciones, grupos violentos, amparados por el odio del candidato «ganador», atacaron un predio que había sido entregado a campesinos por la Agencia Nacional de Tierras. Estos fueron golpeados, sus pocas pertenencias quemadas y obligados a desalojar un bien que les había sido entregado de manera legítima por esta agencia.
En Antioquia, los jóvenes, que de manera entusiasta hicieron una campaña hermosa y muy arriesgada a favor de Iván Cepeda, empiezan a recibir amenazas de todo tipo por parte de simpatizantes de Abelardo De La Espriella. Mientras tanto, este guarda silencio ante hechos tan graves. Al menos debería rechazar, así fuera de manera hipócrita, ese terror que se empieza a sembrar.
Y ¿qué decir de los medios? Ni una sola nota al respecto; lo que evidencia una complicidad aberrante de una prensa vendida y arrodillada a los poderosos.
El panorama para la oposición se vislumbra difícil, pero no quiere decir que nos doblegará el miedo. La izquierda en Colombia ha tenido que soportar momentos durísimos; y ni aun así se ha doblegado. Las luchas han sido muy desiguales ante una derecha asesina que ha utilizado los métodos más atroces para desaparecerla, pero no lo lograron porque han ignorado que, detrás de cada infamia cometida, siempre quedará la semilla de la rebeldía.
Augusto Pinochet se jactaba de haber acabado con el comunismo en Chile, cometiendo las peores atrocidades contra una población indefensa, cuyo único» pecado», fue elegir a Salvador Allende presidente de su país en democracia. Cuando el terror pasó, la izquierda volvió al poder, demostrándole a la derecha chilena un principio básico: miles de personas murieron de la manera más atroz, pero sus ideas perduraron.
Mussolini, Hitler, Francisco Franco y cuanto dictador ha existido de derecha, hicieron lo mismo con todo lo que fuera izquierda, asesinando a miles de personas, pero sin matar una idea.
Jack el Destripador pretende hacer lo mismo en Colombia, pero en su ignorancia desconoce la historia de tantos genocidas que aplicaron métodos crueles contra sus opositores y, ni aun así, lograron sus objetivos.


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