
Amor Arelis Hernández Peñaloza
Doctora en Letras y profesora de profesores de Lengua y Literatura
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Son nueve los cuentos que componen “Las otras” y, en su mayoría, están poblados por “brujas”; es decir, intelectuales, editoras, escritoras, guionistas, artistas, publicistas, correctoras, profesoras, estudiantes, lectoras de literatura.
El libro está atravesado por referencias literarias —Macedonio, Piglia, Lispector, Echeverría, Walsh, Onetti, Orozco, Arlt…— que funcionan casi como una lista afectiva de lecturas. A través de estas voces, se narra el alma femenina en la intimidad de lo cotidiano y en la exposición de los espacios de trabajo.
En ese recorrido, los cuentos nos dejan entrever algunas cosas sobre la forma en que muchas mujeres sienten y piensan: que las madres, a veces, dan miedo; que los nombres son más importantes de lo que creemos; que muchas veces los poemas son malos, pero aun así están llenos de amor; que a veces ocupamos el lugar de un muerto; que también podemos preguntarnos cómo huelen los escritores; que hay un placer secreto en corregir textos ajenos; o que ser judía puede ser tanto una identidad como una religión.
En fin, estos cuentos de Carolina de Bruck nos recuerdan que la lectura y la escritura pueden salvarnos pues nos acompañan, nos sostienen y se convierten en formas de resistencia. Quizá por eso las lectoras somos «brujas» porque aprendemos a mirar el mundo de otra manera, a cuestionarlo y, por qué no, a transformarlo.


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