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La historia no avanza: se repite, con mejores cámaras, discursos más pulidos y muertos más anónimos.

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No es búsqueda de identidad ni de ocio: es consumo disfrazado de infancia pendiente.

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En política internacional no hay amigos: hay momentos. Y cuando el momento cambia, la inmunidad descubre que solo tenía visa temporal.

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Esto no es la solución definitiva de los problemas del país, pero sí una mejora real que desmonta la narrativa del empobrecimiento generalizado.

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La polarización nos está permitiendo saber cada vez más. Y cuando una persona está mejor informada, puede tomar mejores decisiones.

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El estancamiento no proviene solo de la falta de recursos, sino de un lenguaje que ya no logra mover aquello que nombra.

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El silencio siempre protege al agresor. Por eso nada de esto puede pasar en vano.