
Luisa Ramírez
Máster en periodismo
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El culto político a la personalidad ha demostrado, desde la segunda mitad del siglo XX hasta el presente, que lo que el pueblo tiene para ofrecer es líderes que despliegan proyectos personalistas. Hoy en día, figuras como Abelardo De la Espriella se ven magnificadas por la verdadera ideología de género: una que consiste en restablecer los valores de tiempos en los que las minorías étnicas y sexuales no tenían derechos y las mujeres, desprovistas de autonomía, al no poder divorciarse, enviudaban.
Sin embargo, es esperable que todo ser humano tenga rasgos que pudieran considerarse “patológicos” dentro de ese gran espectro llamado normalidad; rasgos que no suelen causar problemas graves en la vida social, laboral, escolar o familiar, situación contraria a la que el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5, por sus siglas en inglés) llama trastorno de la personalidad. De hecho, es esperable y previsible que, para ejercer ciertos oficios, sea bienvenida la presencia de ciertos comportamientos; por ejemplo, el histrionismo en un actor o el mismo narcisismo en el caso de un político.
Por otro lado, casi todos nos hemos topado con aquel personaje insufrible que alardea sobre sus logros, que pasaría por encima de otros con tal de conseguir lo que quiere, que exagera sus talentos y goza de ser admirado. Pero cualquier profesional de la salud calificaría de irresponsable diagnosticar a una persona por fuera de un contexto médico. Por fortuna, las personalidades públicas, los medios de comunicación, las redes sociales y la misma necesidad de exposición facilitan poder reconocer cuando se cruza esa línea tan difusa entre rasgo normal y «patrón predominante de grandeza, necesidad de admiración y falta de empatía» que, según el manual, requiere la presencia de cinco de los siguientes nueve criterios:
Grandeza
Sentido exagerado de autoimportancia; exagera logros y talentos y espera ser reconocido como superior sin logros correspondientes.
«Las cosas de Dios, solo Dios las sabe. Él decidió ponernos en esta prueba tan dura y, en su sabiduría, lo hizo justo el día en que comenzó mi mandato»
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«Yo era el mejor abogado y todos me buscaban»
https://www.instagram.com/reels/DY-8brsh1iS
Creencia de ser especial
Convicción de que son únicos y solo deben asociarse con personas o instituciones de alto estatus.
Fantasías de éxito
Preocupación por fantasías de éxito ilimitado, poder, inteligencia, belleza o amor perfecto.
«Cuando uno vive de su rostro hay que ayudarse, por eso yo recurro siempre al doctor Trini Vega. Nadie pone el bótox mejor que él», afirmó textualmente De la Espriella en un video que fue publicado —y luego eliminado— en la cuenta de Instagram del doctor que lo atendió, quien grabó al mandatario electo desde una silla de procedimientos clínicos en un consultorio de medicina estética en Florida (Estados Unidos). Esto ocurrió horas después de que el Consejo Nacional Electoral (CNE) lo declarara ganador de la segunda vuelta presidencial tras superar a Iván Cepeda por 251.854 votos.


Necesidad de admiración
Exigencia de ser admirado de forma excesiva e incondicional.
«Yo soy un artista que litiga. Mis memoriales son mis lienzos y mis audiencias son mis actuaciones».
Sentido de derecho
Expectativas irrazonables de recibir un trato especialmente favorable o de que se cumplan automáticamente sus deseos.
Cuando aún era candidato presidencial, Abelardo de la Espriella calificó de ignorante a la periodista de Noticias Caracol María Lucía Fernández por cuestionar una frase de 2015 del abogado: «La ética no tiene nada que ver con el derecho».
«La ignorancia es atrevida y perdóname, te lo digo con total claridad», dijo De la Espriella y agregó que, «si hubieses investigado un poco, sabrías que uno es la ética y otro es el derecho». Pero ante la insistencia de la periodista sobre la necesidad de gobernar con ética, el abogado remarcó la importancia de separar los planos: «Uno tiene que tener clara la diferencia, porque es muy fácil preguntar sin los argumentos y sin la profundidad (…) Te estoy diciendo lo que es porque preguntas desde la mala fe y te lo tengo que aclarar».
Asimismo, entre 2008 y 2019 se registraron 109 procesos penales y civiles en los que De la Espriella figuró como accionante por delitos como injuria y calumnia contra columnistas, activistas y medios de comunicación que han cuestionado su trayectoria o vínculos. La estrategia de acoso judicial consiste en demandas estratégicas contra la participación pública, radicando procesos en juzgados de Barranquilla, con el propósito de generar un desgaste logístico y económico a la defensa de los comunicadores.
Adicionalmente, uno de los momentos más tensos de la campaña del hoy presidente ocurrió cuando un grupo de jóvenes cuestionó y abuchearon sus respuestas sobre polarización política y meritocracia, entre otros temas, cuando optó por invalidar las dificultades socioeconómicas de millones de jóvenes para acceder a la educación y prometer que su presidencia sería como su paso por la universidad cuando, pese a la incredulidad de sus compañeros por ser «chiquito y cabezón», conquistaba a la «pelada linda».
Explotación interpersonal
Uso de los demás y aprovechamiento ajeno para alcanzar metas propias.
En este criterio se incluyen todos los actos faltos de ética y presuntamente ilegales de los que se le acusa al presidente de la República, entre ellos, haber hecho carrera de defender a políticos procesados por parapolítica, como Rocío Arias, Eleonora Pineda y Dieb Maloof. También fue directivo de la Fundación Iniciativas por la Paz (FIPAZ), organización que jefes paramilitares como alias Ernesto Báez señalaron de ser un proyecto con influencia de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Asimismo, hay registros de la asistencia de De la Espriella a foros y reuniones en Santa Fe de Ralito durante las negociaciones del gobierno de Álvaro Uribe con las AUC a comienzos de los años 2000.
También ha sido cuestionado por adquisiciones de tierras y relaciones comerciales o vecindades con propiedades ligadas a personas condenadas por narcotráfico y paramilitarismo (como el caso de alias Barbie). Además, en un giro irónico, fue un delincuente el que acusó a De la Espriella de robarle: David Murcia, creador de DMG, cuando afirmó que su exabogado no le devolvió alrededor de 5.000 millones de pesos, además de señalar que se pidieron 760 millones de pesos adicionales para supuestamente influir en el Congreso en contra de un proyecto de ley.
Falta de empatía
Incapacidad o falta de voluntad para reconocer e identificarse con los sentimientos y necesidades de los demás.

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Durante una visita oficial a las zonas afectadas por el sismo del 10 de agosto de 2026, el mandatario entregó desde una camioneta balones deportivos marcados con el logo de su partido político, acto que se llevó a cabo en zonas donde la tragedia empeoró carencias estructurales graves en acueducto, salud y vivienda digna.
En este criterio también se puede incluir que De la Espriella se halla puesto en el centro del terremoto que devastó la costa pacífica del país como un acto de Dios para poner a prueba su mandato.
Envidia
Envidia hacia otras personas o la creencia de que los demás sienten envidia de ellos.
«Dar envidia a los enemigos es algo fantástico en la vida».
Arrogancia
Comportamientos o actitudes soberbias, altaneras y prepotentes.
Abelardo de la Espriella cumple virtualmente todos los criterios asociados al trastorno narcisista de la personalidad. No obstante, sus seguidores justifican este perfil bajo la narrativa de una historia de éxito digna de replicarse a nivel nacional, asumiendo que el país obtendría la misma prosperidad que su firma jurídica, bufete que ha operado como una plataforma de preselección y banco de hojas de vida para la asignación de cargos directivos en diversos ministerios y entidades estatales.


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