
Juan C. Echeverry G.
Siempre observo
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Impotencia e indignación reflejaban el rostro de Iván Cepeda aquel veintiocho de julio del año 2004, cuando Salvatore Mancuso era aplaudido y ovacionado por casi todo el Congreso de la república, después de pronunciar un discurso donde justificaba todas sus barbaries. Mientras tanto, el ciudadano Iván Cepeda era obligado a abandonar el recinto, por el simple hecho de protestar de manera silenciosa, portando en su pecho una foto de su padre asesinado por grupos paramilitares. Él, otro líder de la Unión Patriótica, defensor de derechos y senador de la república en el momento del crimen.
No cualquiera mantiene la calma en un momento tan injusto como ese, pero lo hizo, a pesar de que le sobraban razones para obrar de otra manera. Ese acto, resistente, sereno, pero sin nunca abandonar sus posturas políticas, hace de él una persona responsable, que siempre mantiene la mesura, pero la combina con la firmeza de unos argumentos bien hilvanados, donde no son la gritería ni los insultos los que se destacan, sino su contenido.
Su trayectoria política ha sido intachable, por eso sus contradictores sólo pueden acudir a la difamación y la mentira para desprestigiarlo o, si no, que le pregunten a Uribe cuando lo quiso meter en un entramado de falsos testigos y el tiro le salió por la culata.
Otra de las falsedades con que lo relacionan es con sus vínculos nunca probados (porque no existen) con las FARC, por el tremendo daño que esta organización le hizo al ponerle el nombre de su padre a uno de sus frentes guerrilleros como «Manuel Cepeda», tratando de «reivindicar su memoria». Pero lo único que han conseguido es revictimizar a Iván Cepeda al ser considerado guerrillero por la derecha, rótulo también utilizado como arma de desprestigio por muchos que desconocen su historia.
Su tragedia familiar es un estandarte muy firme que no le permite abandonar el legado de sus padres, porque también hay que destacar a su madre, Yira Castro, otra luchadora incansable en beneficio de los más vulnerables. Por eso estoy seguro que su memoria lo guía a luchar por una Colombia más justa.
Llegar a ser presidente lo tiene cerca. Y el día que ello ocurra, será una reivindicación verdadera a su padre, pero también a todos los mártires que en estas duras batallas nos ha tocado dejar en el camino.


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