
Sylvia Rugeles de Rugeles
Abogada. Fue Senadora de la República y Notaria en Bucaramanga. Presidenta de la Fundación Socorranos en Acción
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¡No hay duda! El peor de los males que nos aqueja es la corrupción.
Esta terrible enfermedad ataca a todos los estamentos de la sociedad sin excepción alguna. Ahora que estamos en época preelectoral, todos los candidatos, se proponen combatirla, pero no dicen qué van a realizar para terminar con este flagelo
La mayoría de quienes aspiran a seguir en el Congreso han formado parte de la feria de contratos y se han manteniendo en sus curules a través del clientelismo y los favores a sus electores. Tienen toda una estructura electoral que funciona a la maravilla a través de la cual compran su elección y, no obstante, no les da vergüenza prometer que van a luchar contra la corrupción.
Quienes los apoyan y les financian sus campañas son aquellos que luego van a recibir los contratos y las gabelas en reciprocidad a esa ayuda. Y ¿quiénes son estos? Empresarios privados que, sin vergüenza alguna, han entrado a formar parte de este malévolo círculo vicioso.
Algunos se jactan y cuentan cómo funciona este maquiavélico negocio a través del cual se enriquecen contratistas y políticos con los dineros públicos.
Este mal no es nuevo. Se podría decir que ha existido desde siempre. Pero día a día se recrudece. Según el profesor Hernando Gómez Buendía en su libro “Colombia después de Petro, en 2021 Colombia ocupó el puesto 87 entre 180 países, con un puntaje de 39 sobre 100.
Muchos actos de corrupción y asalto al erario han sido realmente escandalosos. Casos como los de Odebrecht, Interbolsa , Foncolpuertos, Agro Ingreso Seguro, la UNGRD, entre otros, demuestran que existe una empresa criminal conformada por contratistas privados , y clanes políticos familiares que controlan gran parte de la administración pública.
¿Por qué llegamos a tocar fondo? Sin negar que en todas las épocas ha existido este maridaje entre lo público y lo privado, para atacar las arcas del estado, hoy se llega a cifras descomunales que nos escandalizan.
La Codicia, es la culpable, dice nuestro presidente, y tiene razón. En el mundo del capital no hay punto que ponga tope a la ambición.
¿Estaremos en una encrucijada sin salida? ¿Será que no es posible exterminar este flagelo? Estas son las preguntas que nos hacemos ad portas de las elecciones. Esperamos que quienes aspiran a los puestos de elección popular que serán elegidos este fin de semana tengan respuestas. De otro modo terminaremos diciendo ¡Que se vayan todos!
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