
José Aristizábal García
investigador social, escritor, activista, autor de varios libros, entre ellos Amor y política (2015), Amor, poder, comunidad (2024) y La revolución del amor, próximo a aparecer.
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El principal interés detrás de la guerra desatada contra Irán es la abundancia de sus recursos petrolíferos y gasíferos. Estados Unidos se los quiere apropiar para volver a ser el amo universal indiscutido.
Desde los siglos XVI y XVII las potencias europeas, aprovechando la revolución científica de la época, sus grandes descubrimientos geográficos y su poderío militar, impusieron su dominación colonial sobre el resto del mundo. La expropiación de las inmensas riquezas de oro, plata, especies, demás productos y la subyugación de sus pueblos, obtenidas con la conquista de América y los otros continentes, jugaron un papel decisivo en la acumulación originaria del capitalismo. Por ello el colonialismo es uno de sus componentes constitutivos.
Para justificarse a sí mismos y ante los colonizados, esos poderes implantaron una narrativa acerca de su superioridad. Los europeos representaban la civilización y el progreso, mientras los demás pueblos eran la barbarie y el atraso. Ellos eran unos seres racionales; los otros permanecían en la oscuridad de los mitos. Los primeros ostentaban una religión, el cristianismo; los otros la idolatría y la hechicería. Pero el elemento central de esa superioridad ha sido la clasificación de las poblaciones en razas, según el color de la piel y otras características físicas. Ellos han exaltado la superioridad de ser blancos y rubios, mientras el resto eran negros, amarillos, cobrizos, mestizos y esta ha sido la base de su racismo estructural que se mantiene hasta hoy.
Esa inventada inferioridad de los demás pueblos les otorgaba el poder de explotarlos hasta su muerte y exterminio. De ahí proviene la tragedia que se prolonga hasta hoy en Irán y el Sur global. Los genocidios y exterminios de los pueblos originarios en América, África y Asia. La trata de esclavos. La expoliación y el saqueo de sus territorios. Las técnicas de contrainsurgencia y sus campos de tortura. La imposición de sus guerras en todo el mundo por sus privilegios coloniales. Sus crímenes históricos contra la humanidad.
Ya lo han dicho varios pensadores: lo que hicieron los europeos en sus dos guerras mundiales con sus atrocidades fue llevar hasta sus territorios lo que ya habían practicado antes en sus colonias.
Ese colonialismo es la base del llamado “Destino Manifiesto” y su Doctrina Monroe. Es la razón principal por la que EEUU ha mantenido su primacía en el Medio Oriente y por la que Israel aspira a apoderarse de los territorios del Nilo hasta el Éufrates. Es lo que las viejas potencias europeas pretenden recuperar en el África.
Y esa imposición que han ejercido sobre los demás pueblos ha sido igual con las demás especies. Considerando a la naturaleza y los otros seres vivos como objetos o mercancías que se pueden vender y comprar, los han saqueado hasta su agotamiento. Su extractivismo ha llegado al pico de la máxima extracción posible de los bienes y materiales que puede proveer el planeta. “El 80% de los pozos de petróleo y el 90% de los pozos de gas han superado ya su máximo de extracción, su pico productivo. Cada año se descubren en nuevos yacimientos unos 3.000 millones de barriles de petróleo, pero se consumen unos 30.000: no se repone ni el 10% del consumo”[i]
Hoy, ante la escasez de esos recursos, su disputa se vuelve más encarnizada. Y los poderes coloniales se ponen aún más agresivos, se exaltan y claman por rehabilitar el colonialismo.
Eso es lo de Trump con su Estrategia de Seguridad Nacional: Reafirmar la supremacía blanca, su pureza racial, atacar a los que él llama despectivamente “países de mierda”. Planear un mega negocio inmobiliario sobre los huesos, los cadáveres, los escombros y el robo de las tierras de Palestina. Tratar de reemplazar a la ONU por su autodenominada «Junta de Paz». Y creerse que puede hacer lo que le dé la gana en el hemisferio occidental: secuestrar presidentes, hundir lanchas y asesinar pescadores en el Caribe, tomar Cuba, amenazar con la fuerza bruta a quienes no se le sometan.
Ese es el regaño del Secretario de Estado Marco Rubio en su discurso de Múnich a sus vasallos europeos: Ustedes no están defendiendo como es debido la civilización occidental. Sus políticas migratorias han sido permisivas. Ustedes han permitido que «los grandes imperios occidentales hayan entrado en un declive terminal acelerado por los levantamientos anticoloniales».
Eso es lo que están haciendo las aberrantes políticas discriminatorias contra los inmigrantes en EEUU y Europa: Los muros que se levantan contra ellos y las crueles actuaciones del ICE. La exaltación del colonialismo.
A un capitalismo de rapiña, de “finitud” o “del final de los tiempos”, se corresponden las últimas proclamaciones del poder colonial. Y digo las últimas, por más de un argumento.
Por un lado, hace ya mucho tiempo se ha documentado “la decadencia” y el declive y, más recientemente, “la derrota” de Occidente.
Por otro, a la hegemonía mundial del imperialismo norteamericano, principal heredero del colonialismo eurocéntrico, sólo le va quedando la vasta parafernalia de su supremacía militar y la preeminencia del petrodólar. Y los desarrollos de la guerra en Ucrania, de la OTAN y ahora contra Irán, van mostrando su aislamiento, aún frente a las viejas potencias europeas.
La inmensa diversidad del mundo, su riqueza pluricultural y la fuerza de los pueblos, ya se ha expresado en las gestas anticoloniales de la India, Argelia, Vietnam, Cuba, Angola, Mozambique, en Irak y Afganistán, en las insurrecciones y los estallidos sociales contra el neoliberalismo, en las luchas de los inmigrantes de Minnesota y otros lugares de EEUU.
Y en Irán, el mayor poder colonial del mundo se estrella con estrépito contra una de esas antiguas culturas y civilizaciones que no pudo exterminar. Después de 500 años, su arrogante cosmovisión supremacista y las tinieblas de su horror y terror contra los pueblos están llegando a su fin.
[i] Ver: https://ctxt.es/es/20260301/Firmas/52580/antonio-turiel-juan-bordera-irene-calve-petroleo-gas-energia-estrecho-de-ormuz.htm


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