
Bernardo Nieto Sotomayor
Licenciado en Filosofía y Letras; Bienio en Estructura y valoración cinematográfica. Master en Instructional Technology & Media.
Gerente de Comunicaciones, Unicef.
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Recientemente fui testigo, como muchos colombianos, de un espectáculo televisivo en el que un grupo de periodistas entrevistaba a un abogado que aspira a ser presidente de Colombia. (Se puede ver la nota periodística completa en: https://www.youtube.com/watch?v=9DQ74zy8YXc&t=123s )
La presentadora del noticiero televisivo le pidió al abogado que explicara por qué él dijo en algún momento que la ética nada tenía que ver con el derecho. El candidato respondió que ella no entendía porque no había estudiado derecho ni filosofía del derecho y que, además, la pregunta tenía veneno. La entrevistadora reaccionó con un “¿Para qué pelear con los periodistas?”. El abogado la interrumpió y afirmó, además, que “la ignorancia es atrevida”. Esa actitud tan ofensiva, es completamente coherente con su actitud de candidato en campaña. Luego, con tono catedrático y, como si tuviera toda la razón, en síntesis, el abogado explicó que la ética se refiere solamente a las actuaciones y el comportamiento individual y que el derecho se ocupa de regular la vida en sociedad. Por eso son dos terrenos diferentes y la ética es independiente del derecho.
Porque la comunicadora no volvió a intervenir y los demás periodistas escucharon sin contradecir la “clase” del candidato, se podría concluir que el abogado “calló” a la comunicadora y que tendría la razón. Sin embargo, en rigor, lo que afirma el candidato es tan restrictivo como equivocado.
Lo que él expone como verdad es la tesis central del positivismo jurídico (o iuspositivismo), una corriente de la teoría jurídica, cuyo máximo exponente en el siglo XX es Hans Kelsen. Para los positivistas, la validez de una norma jurídica depende exclusivamente de su legalidad formal (haber sido creada por la autoridad competente siguiendo los procedimientos establecidos), sin importar si su contenido es considerado justo o injusto.
Esto hay que examinarlo más detenidamente. De acuerdo con otros estudiosos, la Ética no se limita a regular comportamientos individuales. Su alcance es profundamente social y examina críticamente las decisiones colectivas a la luz del bien común y de los criterios fundantes de los derechos humanos. También inspira la construcción institucional y ofrece criterios para evaluar la legitimidad moral de las normas jurídicas y de las actuaciones de quienes ejercen el Derecho. La Ética ofrece el horizonte del bien común, de la dignidad humana y de la justicia que debe orientar tanto la creación de las leyes como su interpretación y aplicación. La ética guía el Derecho y, sin ella, éste corre el riesgo de convertirse en simple mecanismo de poder, coerción o legalismo vacío.
Por eso afirmo que el raciocinio del candidato, aunque elocuente y tajante, es equivocado e ignora la profundidad de la Ética. La Ética estudia los principios que deben orientar la conducta humana hacia el bien. Es una reflexión profunda sobre lo que permite a las personas y a las sociedades alcanzar una convivencia justa y verdaderamente humana. Desde Aristóteles, la Ética ha sido entendida como búsqueda del bien común y de la vida buena dentro de la comunidad política. Separar completamente normatividad y conciencia moral empobrece la comprensión del bien humano y de la racionalidad práctica y el derecho no puede reducirse únicamente a su validez formal, porque surge
dentro del dinamismo de la inteligencia, el juicio y la responsabilidad ética de la persona y de la comunidad.
Como sociedad debemos preguntarnos: ¿Qué entendemos por justicia?, ¿Qué tipo de ser humano queremos formar?, ¿Qué principios deben orientar nuestras leyes? ¿Qué responsabilidades éticas tienen quienes ejercen el poder jurídico? Y estas preguntas las hace la Ética como orientadora de la ley.
La historia ha mostrado los peligros de esa separación absoluta que afirma el abogado. Existen leyes que, aun siendo legalmente válidas, son profundamente injustas. En este sentido, la Ética es la conciencia crítica del Derecho. No basta preguntar: “¿Es legal?”. También es necesario preguntar: “¿Es justo?”, “¿Es humano?”, “¿Contribuye al bien común?”
Si nos atenemos a los dictámenes del positivismo jurídico, corremos el riesgo de enfermarnos moralmente como sociedad. Esto no solamente sucede cuando aparecen los grandes criminales, los corruptos o los violentos ejerciendo el poder. Ocurre también cuando quienes poseen conocimiento jurídico olvidan que el Derecho tiene consecuencias humanas y éticas profundas. Un abogado puede conocer perfectamente las leyes y, sin embargo, contribuir al deterioro moral de una nación si utiliza el Derecho únicamente como instrumento técnico al servicio del dinero, del poder o de intereses oscuros. No todo lo legal es justo. Y no toda defensa jurídicamente posible es éticamente inocente. Cada estrategia jurídica produce efectos sociales. Cada maniobra para dilatar la justicia afecta la confianza pública. Cada acto de corrupción protegido desde el conocimiento jurídico hiere la esperanza colectiva. Pienso que las sociedades no se destruyen solamente por la acción de los delincuentes. También se debilitan cuando hombres y mujeres formados en Derecho renuncian a preguntarse por el bien común y por las consecuencias éticas de sus actos profesionales.
Defender el debido proceso no significa convertir la inteligencia jurídica en instrumento de impunidad. El Derecho necesita conciencia y humanidad, necesita ética. Porque detrás de cada expediente hay víctimas y familias destruidas. Hay jóvenes atrapados por el narcotráfico. Hay ciudadanos que pierden la confianza en la justicia. Hay pueblos enteros que comienzan a creer que la ley solamente protege a quienes tienen poder o dinero. Y cuando una sociedad pierde la fe en la justicia, comienza lentamente a perder la fe en sí misma.
Una nación necesita buenos juristas. Pero necesita, aún más, juristas con conciencia. El futuro ético de nuestro país y de nuestra sociedad depende en gran parte de quienes interpretan las leyes, administran justicia y utilizan el conocimiento jurídico. Porque el Derecho puede servir para proteger la dignidad humana o para blindar la corrupción. Puede convertirse en camino hacia la justicia o en refugio técnico de la impunidad. Por eso la Ética no es un adorno del Derecho. Es su alma.
Preocupa mucho escuchar a alguien que cree saber Derecho, pero ignora que su raíz y norte debe ser la Ética. Ciertamente esta ignorancia es atrevida.


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