
Mario Espinosa Cobaleda
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“Ayyyyyyyyyy larai lará
Esta historia que contamos los invita a que piensen
que los tiempos del pasado se parecen al presente
los de arriba, bien arriba al pueblo prometen mucho
para que olviden su historia, su vida y su propia lucha”.
Hay obras de teatro que se inmortalizan, quedan tatuadas en la memoria colectiva y que no pierden vigencia. Obras magistrales que nos refrescan la memoria de sucesos que han ocurrido en nuestro territorio, este país que a veces pareciera un triste uróboro alimentado de violencias, de historias de traiciones y de desencuentros que tratan de enmascarar las versiones oficiales. En las fauces de ese engendro morimos y de sus entrañas renacemos día a día. Son los sucesos de la barbarie y sus múltiples estragos que golpean de manera brutal a quienes han soñado con unos territorios en paz y en armonía con la tierra, son las historias que nadie cuenta, y donde “la muerte viaja en el río, la vida es presentimiento y el tiempo corto y sombrío”.
Una de esas puestas en escena es GUADALUPE AÑOS SIN CUENTA. Paradigma de la Creación Colectiva, realizada en 1975 por el Teatro la Candelaria, el grupo más representativo del teatro nacional, y que divide en dos la historia del teatro colombiano, siendo considerada la obra teatral del siglo. Este montaje, de carácter histórico, social y político, escenifica el contexto del asesinato de Guadalupe Salcedo, el líder de la insurgencia liberal de las guerrillas de los llanos orientales. Es una denuncia de la violencia política entre liberales y conservadores en los años 50´s del siglo pasado, y de la desmemoria nacional sobre este conflicto. En la obra, construida con elementos del teatro contemporáneo de Bertold Brecht, su Teoría del Teatro Épico y su “efecto del extrañamiento”, un coro al estilo de las tragedias griegas, y con músicas llaneras establece un juicio, para controvertir los informes oficiales y dar voz a los desposeídos y a las víctimas de la guerra, en un haz de posibilidades narrativas tejidas para darle una continuidad emotiva al relato.
La música llanera, que es eje y banda sonora de la obra nos ubica en los extensos territorios de la colonización llanera, en las riberas del Río Cusiana, desde el Meta hasta el Vichada, así al golpe del arpa, de la bandola, el cuatro y las maracas se escuchan “El corrido de los años sin cuenta”, el “Corrido de las razones diferentes”, el “Corrido de la esperanza que no llega”, la “La canción de los recuerdos”, los contrapunteos, el Seis por derecho, El Zumba Quezumba, y pasajes de identidad de un pueblo al que se le ha negado históricamente la utopía de la tierra.
Este año GUADALUPE AÑOS CINCUENTA cumple 50 años de su estreno, y su temática sigue vigente, como referente de un teatro comprometido, lúcido y reflexivo. Cómo no rendir un tributo de admiración al Teatro La Candelaria, a su maestro de maestros Santiago García, y a los artífices de esta obra: Hernando Forero (Poli), la maestra Patricia Ariza, el escritor Pastor Alape, quien fue fundamental en la investigación histórica y en la elaboración de los textos, a Alvaro Rodríguez, Inés Prieto, Ignacio Rodríguez, César Badillo, Nohora Ayala, Fanny Baena… y a quienes ahora actúan en las constelaciones: Fernando Peñuela, Francisco Martínez y Fernando Mendoza.
Junto con el Teatro Experimental de Cali, el Teatro La Candelaria fundó una época para el teatro colombiano. Ellos hacen parte del “gran relato de lo que somos y anhelamos como colombianos”, así, el teatro no es solo arte sino una necesidad vital, la alquimia de su dramaturgia logra conectar el alma de los actores y actrices con los espectadores y los identifica con los sucesos acontecidos en su entorno, porque, tal vez, uno de sus principales logros es esa capacidad de hacer reflexionar al público al volver un suceso histórico y cotejarlo con la realidad actual.
La Candelaria continúa siendo un teatro comprometido, de públicos amplios, de estudiantes, de obreros, de campesinos… GUADALUPE AÑOS SIN CUENTA ha tenido más de dos mil funciones, ha llegado a los principales escenarios del mundo y ha sido recibido con entusiasmo en pueblos, veredas y barrios populares. Este es un reconocimiento a legado y su huella. Graciaspor tanto!!!
Y como dijo Jorge Luis Borges: “La memoria no acuña su moneda. /Y sin embargo hay algo que se queda/ Y sin embargo hay algo que se queja.”
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