
Oriana González Rodríguez
Escritora y editora
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A veces me anochezco
soy tierra húmeda pisada por animales
raíces profundas crecen hacia el centro oscuro de la tierra
me convierto en un topo que cava su madriguera
enceguecida por la fealdad del mundo violento
Me escurro entre las grietas de las rocas
sumergida en lo profundo de los orificios
me hundo suave, lenta y pesadamente hacia la nada
a veces es un sueño del que no despierto nunca
¿Para qué ver este planeta devastado?
Caigo, tropiezo y escarbo
me mezclo entre bichos y gusanos
y me regodeo en el sabor a hojas secas podridas
también suelo ser un huevo
que dentro deja nacer la vida oscura
impenetrable de un cucarrón
o una semilla que se va resquebrajando
para abrirse a la superficie
en forma de tallo y hojas
¿A dónde llegaré si sigo braceando
hacia lo más recóndito de mi alma?
A veces me pierdo y
esquiva arremeto contra los muros que me atrapan
y trago tierra por bocanadas de oxígeno
me ahogo lentamente,
siento que voy a desaparecer
En la euforia de no saberme diurna
me encuentro en el reflejo de las estrellas y la luna
observo distraídamente la luz iluminando la vista
entiendo que soy un brote de flor
que aún no se abre
Estoy escondida ocultando mi belleza
porque tanta luz solar podría cegarme
nuevamente el pausado latido de la vida
A veces se me olvida que también soy hija de la noche
que dentro de mí habitan fuerzas contradictorias
que parecen devastarme
y hay una fuga incesante de colores
donde la oscuridad pierde terreno
y guarda un espacio secreto
una palabra desdicha
un conjuro protector
Illumina cor meum
Noctua es tu nombre


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