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Lo único permanente es la danza del cambio: somos criaturas arrojadas al torbellino, voces en un canto que no concluye.

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Aguante el fútbol, la creatividad, las cargadas y el folclore de las gradas.

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Es inaceptable que el interés particular de un grupo regional se haga a costa de sacrificar el interés general de millones de colombianos que se benefician de la protección de la biodiversidad.

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La vida infausta del negro Apolinar es un puñetazo al alma, pero uno que se da con una ternura infinita.

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Culpable de corrupción es culpable de ser de derecha, sin importar los colores de campaña.

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La memoria afectiva es poderosa. Uno no recuerda solo con la mente, sino también con el corazón.

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“En ese momento me siento libre, se me olvida que estoy preso, solo pienso en jugar.

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Ya no dicta sentencias: las recibe. El miedo que lo sostuvo se desmorona. La era Uribe se apaga, pero la memoria apenas comienza.

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No fue condenado por paramilitarismo, sino por intentar esconderlo. Se cayó la careta, pero el aparato sigue de pie.