
Stella Ramírez G.
Analista política
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Nos prometieron una patria milagro. Y parece que el primer milagro que tendremos que aprender a hacer es mercar con un bolsillo cada vez más vacío. El Gobierno de Abelardo de la Espriella acaba de poner sobre la mesa una reforma tributaria que merece toda nuestra atención.
Bajo el nombre de Ley de Rescate Económico, pretende aumentar el IVA del 5 % al 19 % para determinados productos y eliminar la exclusión tributaria de otros alimentos e insumos agrícolas.
Hablamos de café, azúcar, avena, pastas, chocolate, sal, frutas, verduras y otros productos de consumo cotidiano. También preocupa la propuesta de gravar con el 19 % los fertilizantes, abonos, semillas y plaguicidas.
¡Qué brillante idea! En un país que necesita fortalecer el campo, se encarece precisamente aquello que necesita el campesino para sembrar, proteger sus cultivos y cosechar.
Porque el problema no termina en el impuesto que aparece en la factura. Si producir cuesta más, transportar cuesta más y comercializar cuesta más, la presión termina trasladándose al precio que paga la familia colombiana.
¿Quién termina pagando? Como siempre, el consumidor.
Nos hablarán de devolución del IVA, de compensaciones y de justicia tributaria.
Pero una cosa es prometer devolver impuestos y otra muy distinta es garantizar que una familia tenga dinero suficiente para comprar alimentos hoy. La comida no espera a que la burocracia haga sus cuentas.
Súmele los costos de la energía, los combustibles y el transporte tienen sobre la economía familiar.
El gas natural vehicular merece especial atención, aunque no debemos confundirlo con un aumento del IVA expresamente establecido en este proyecto.
Y aquí viene la advertencia más importante: esta reforma todavía necesita pasar por el Congreso. Allí estará la verdadera prueba para nuestros representantes y senadores.
¿Defenderán el bolsillo de quienes los eligieron o terminarán respaldando una reforma que encarece la vida de los colombianos?
¿Podrá más la responsabilidad legislativa o aparecerá la vieja maquinaria de la mermelada, los acuerdos burocráticos, los favores políticos y las conveniencias de partido? o sería la primera vez que los intereses de los ciudadanos quedan sepultados bajo los acuerdos del poder.
Quizá el gobierno de este personaje utilizará los mismos mecanismos de manipulación que usó en la campaña electoral: convertir todo en promesas que provocan una explosión de emociones con las que se conquista la voluntad de los ciudadanos.
Para comprender estos mecanismos, vale la pena recordar el trabajo del escritor francés Sylvain Timsit, quien publicó en 2002 las diez estrategias de manipulación mediática bajo el título Stratégies of manipulation. Durante años, este texto circuló atribuido equivocadamente a Noam Chomsky. Reconocer a su verdadero autor también es una forma de respetar la verdad.
Estas son las diez estrategias:
- La distracción: desviar la atención de los verdaderos problemas mediante polémicas, escándalos y asuntos secundarios.
- Crear problemas y ofrecer soluciones: aprovechar o provocar una situación para después presentar una medida como la única salida posible.
- La gradualidad: introducir decisiones impopulares poco a poco, hasta que la ciudadanía termine acostumbrándose.
- Diferir las decisiones: anunciar sacrificios presentes como necesarios para alcanzar un supuesto bienestar futuro.
- Tratar al ciudadano como un niño: utilizar mensajes simplistas y consignas que sustituyen el debate serio.
- Apelar a las emociones: despertar miedo, rabia, indignación o esperanza para dificultar el análisis racional.
- Mantener al público en la ignorancia: limitar o dificultar el acceso a información que permita comprender las decisiones y sus consecuencias. Para eso están los medios hegemónicos al servicio del poder.
- Promover la complacencia con la mediocridad: normalizar la superficialidad, la desinformación y la falta de pensamiento crítico.
- Provocar la autoculpabilidad: convencer al ciudadano de que sus dificultades son exclusivamente responsabilidad suya y no consecuencia de factores estructurales.
- Conocer y aprovechar al ciudadano: utilizar información sobre sus comportamientos, temores, necesidades y preferencias para influir en sus decisiones.
Ya sabemos que muchas de esas estrategias fueron usadas en campaña y que las promesas hechas en tono solemne y con gesto adusto han desaparecido como por arte de magia. De magia con G, no con F.
No afirmo que cada decisión de este gobierno responda necesariamente a un libreto de manipulación. Advierto que el ciudadano debe aprender a reconocer cuándo le están vendiendo emociones en lugar de argumentos y promesas en lugar de resultados.
No basta con hablar de austeridad mientras se pretende recaudar más a costa de los productos que llegan a la mesa de los hogares. Tampoco basta con decir que es por el bien del país. Eso es una falacia, porque, mientras a los ricos se les quitan impuestos, al pueblo se los ponen.
¡Congresistas, los estamos mirando!


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