

En Colombia, cualquier llamado a la norma es percibido como un acto de injusticia. Aquí se cree que gana quien tenga más barra, la que haga más bulla. Pero el marcador sigue igual: ni con ayuda del VAR aceptamos las decisiones.

El miedo no solo viene de lo que pasa, sino de lo que podría pasar, cuando el Estado no logra dar señales claras de autoridad.

Lo razonable, es decir, lo reflexionado, lo pensado, lo complejo, lo denso, eso no sirve. ‘Las cosas claras’, le dicen al insulto.

Hemos confundido el protagonismo con la autenticidad, la grosería con la valentía, la prepotencia con la verdad.

Es posible promover una agenda juvenil en la que se resalte lo organizativo como un espacio seguro para desarrollar la formación política, la participación incidente y la defensa del territorio.

Esto no es urbanismo: es una disputa ética. Una elección entre muros o puentes.

Para la mamá de la Princesa Hoshi, el jardín somos nosotros. Ella nos contempla sin percatarse que la grandeza nuestra es ella.

Petro cree que puede educar a esta parranda de animales dicharacheros que sólo se fijan en las formas y se olvidan de las ideas, del discurso, de la verdad y la justicia.