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Con gente como Petro hay que ir armado para pelearle, a riesgo de perder. Es que, aparte de soberbio —que lo es—, de inteligente —que lo es— y de preparado —que lo es—, es, sobre todo, un político viejo.

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No se puede justificar la manera como encerraron a nuestros caficultores en condiciones indignas, para un certamen que debería hacerse a la altura de uno de los mayores orgullos de la región del sur.

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La soberanía no se defiende con discursos incendiarios, sino con resultados que dignifiquen al pueblo al que se gobierna.

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Desde el estudio de RTVC, Gustavo Petro no se anduvo con medias tintas: reclamó a gritos que le quieren censurar su voz como Presidente

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Ser considerado el mejor presidente no es una medición técnica, es una percepción política que refleja la fuerza simbólica del cambio.” — Julio Rodríguez, politólogo.

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El Nobel de la Paz de 2025 no premia la fraternidad, sino la obediencia. No reconoce la paz, la utiliza para justificar la guerra.

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Negar refugio por simpatías ideológicas convierte al Estado en cómplice del horror.

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Nuestra débil y enferma democracia tiene que pagar por estos ‘emprendimientos’ que muchas veces no alcanzan a llegar ni a la verdadera época electoral.

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Las redes no nos están uniendo: nos están entrenando para odiar con estilo.

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Petro le devolvió la voz y el protagonismo al pueblo como dinamizador de la economía y la política del país. Le devolvió la dignidad, y eso, en un país acostumbrado al sometimiento, es imperdonable para las élites.
