
Defender la democracia tumbando a un presidente elegido democráticamente: la paradoja perfecta de un país que grita libertad sin saber qué significa.

El 21 de noviembre no lo convocó un partido: lo hizo el hambre, la rabia y la dignidad de un pueblo que decidió enfrentar un modelo de muerte.

No son presunciones: son hechos verificables que revelan un gobierno que persigue a la prensa y evade el control democrático

No se puede presentar como un éxito militar lo que en el fondo es un fracaso colectivo para proteger a nuestros niños. Los niños no son escudos. Los niños no son blancos. Los niños no son combatientes.

Si el Congreso no se hace el loco, los villancicos de Trump podrían sonar desde una sala de audiencias.

Al ciudadano le entregaron una historia descafeinada… pero lo que necesita es que por fin le digan qué fue lo que pasó.

La extrema derecha vuelve al libreto del miedo: fabricar enemigos, justificar la violencia y pedir intervención extranjera. Pero el pueblo ya aprendió a responder: con calle, organización y democracia.

Prohibir la inteligencia artificial no protege a los trabajadores, los condena a la obsolescencia.

Tratar de acomodar los hechos a la ideología es infame: no hubo héroes, solo víctimas y victimarios que nunca nos dijeron la verdad.

El tirano moderno no necesita meter preso a nadie: nos compra con consumo, nos silencia con propaganda y nos encierra con palabras prestadas.
