

En el país que aplaudió la barbarie, protestar en silencio fue un acto de valentía.

No fue una reunión de farándula ni de dignidades heridas: fue el momento en que se definieron las nuevas reglas de nuestra dependencia.

La identidad no es una raíz única: es una red que nunca deja de crecer.

Aquí no hay delfines: hay gente que hereda el apellido… y el amor por el erario.

En política, que te abran la puerta ya es poder.

El trompo de poner siempre ha sido el pueblo.

El río Putumayo no necesita ser conectado al mundo. Necesita seguir siendo río.

El parásito político no busca servir: busca sobrevivir. Y lo logra porque la sociedad se lo permite.

No todo se define en elecciones: el poder mafioso también se derrota con sanción social, periodismo y movilización ciudadana.

Una vez más, los grupos armados destruían la tranquilidad, la posibilidad y la alegría. Una vez más, el silencio y el miedo reinaron.