

La oferta que nadie puede rechazar no necesita imponerse: basta con que todos comprendan sus consecuencias.

En política, las narrativas cambian rápido, los liderazgos emergen cuando menos se espera y las certezas de ayer pueden convertirse en los errores de análisis de mañana.

Uno no debe votar por el que quiere, sino por el que va a ganar

El partido ganador es apenas la minoría más grande: gobernar será negociar.

Los dinosaurios no desaparecen de golpe. Se vuelven fósiles. Y los fósiles, por imponentes que sean, ya no gobiernan.

La política no es una hoja de Excel. Los votos no se transfieren automáticamente.

Camilo no es una estampita para estetizar camisetas. Es una pregunta política que sigue sin respuesta.

Cuando no hay programa, hay espectáculo. Cuando no hay ideas, hay uniforme. Y cuando la política se vuelve estética, la extrema tontería puede tomar el poder.

En el país de los próceres de bronce, lo único verdaderamente ilustre que queda es el expediente. Y ese, a diferencia de los apellidos, no se hereda: se construye página por página.