

No fue una reunión de farándula ni de dignidades heridas: fue el momento en que se definieron las nuevas reglas de nuestra dependencia.

En política, que te abran la puerta ya es poder.

El trompo de poner siempre ha sido el pueblo.

El parásito político no busca servir: busca sobrevivir. Y lo logra porque la sociedad se lo permite.

No todo se define en elecciones: el poder mafioso también se derrota con sanción social, periodismo y movilización ciudadana.

El encuentro no es diplomacia de rutina: es una prueba de fuerza donde cualquier gesto puede convertirse en humillación o ruptura.

Cuando el miedo se convierte en política, nadie debería sentirse definitivamente a salvo.

La paz no fracasa de un día para otro: se descompone cuando se tolera la violencia mientras se sostiene un relato de diálogo.

La inteligencia artificial, en este escenario, no llega como un lujo, sino como un instrumento para sobrevivir financieramente.

Con el pretexto del orden, acabarán con la libertad. Y esta vez será peor: la tecnología hará el miedo más eficiente.