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En Colombia no contamos vidas que se salvan, sino muertos que justifican un presupuesto.

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En Colombia no faltan candidatos: faltan ciudadanos que recuerden. El país no necesita un mesías, necesita memoria.

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En Colombia, la claridad judicial es como la honestidad política: se evapora con el primer rayo de sol.

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El poder no se sostiene en la perfección, sino en la capacidad de asumir la caída con dignidad.