

El poder ya no puede hablar solo entre iguales: ahora tiene que sentarse a conversar con quienes antes ignoraba.

El silencio no es complicidad. Es, muchas veces, una forma de sobrevivir.

El medio no miente: simplemente administra qué versión de su propia podredumbre puede soportar su narcisismo.

No es búsqueda de identidad ni de ocio: es consumo disfrazado de infancia pendiente.

Cuando lo único que guía la producción de contenidos es la carrera por los clics, se banaliza la agenda pública y se reduce la democracia a un espectáculo.

No se trata de infantilizarlos. Se trata de cuidarlos. Porque no hay antivirus más poderoso que la buena información y el cariño de quien se toma el tiempo de enseñar.

Rubén Darío Maffiold Dager Nacido en Barrancabermeja, Residente en San Gil. Ingeniero Químico, lector empedernido que requiere de escribir para descargar lo leído y lo vivido. • La memoria del cuerpo y el lenguaje del alma Uno escucha desde siempre frases sobre lo que influye en el aprendizaje: el entorno, los hábitos, la disciplina,…

La comunicación es hija de nuestra fragilidad e interdependencia. Es una forma en que se expresa y se construye nuestra vida afectiva: sin cuidado, nadie puede sobrevivir.

La mentira y el odio se han convertido en los principales cánceres del ecosistema informativo. Se disfrazan de opinión, de denuncia o de sarcasmo, pero lo único que logran es desinformar, dividir y alimentar el morbo.