
María Vega
Estudiante de Enfermería Profesional, interesada en las causas sociales, la defensa de los derechos humanos y la construcción de una sociedad más justa
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Un día cualquiera, ya en tiempos de esta actualidad llamada «Patria Milagro», revisaba internet como de costumbre cuando me encontré con un titular: «Colombia se desmarcó del concepto de derechos sexuales y reproductivos». Leyendo, encontré que esa desmarcada había ocurrido en el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
El embajador encargado, Álvaro Ayala, argumentó que la expresión y el concepto derechos sexuales y reproductivos no hacen parte de un lenguaje universalmente acordado y que, además, carecen de una única definición en el derecho internacional.
Así, de un plumazo, el Estado colombiano abandona su compromiso internacional de garantizar que todas las personas puedan vivir su sexualidad y su reproducción de manera libre, segura, saludable y sin ningún tipo de coacción, discriminación o violencia. Así, nuestro país queda compartiendo opinión con Irak, Kwait y Pakistán, entre otros países.
Entonces me pregunto: si el país renuncia a este concepto, ¿qué le digo a mi universidad, donde estudio enfermería, y al programa de salud en el que cursé, la asignatura «Promoción de la salud sexual y reproductiva»? ¿Que la cambien? ¿Que dejen de dictarla porque pronto dejará de ser un derecho?
Con esas dudas, pensé que ese día no podía ser peor, pero lo fue. Leí otro titular: «Mineducación pidió tumbar la política de educación sexual y reproductiva en Colombia». Pensé en mi trabajo, en las horas de planeación, preparación de materiales y estudio que dedico para ir a los colegios como profesional de la salud a ofrecer charlas sobre cómo prevenir el embarazo adolescente y las enfermedades e infecciones de transmisión sexual.
Preparo concienzudamente esas charlas porque el embarazo adolescente ha sido una de las grandes limitaciones de los jóvenes, sobre todo mujeres, para tener y desarrollar sus proyectos de vida.
En 2008 se registraron 160.000 nacimientos en madres que tenían entre 15 y 19 años de edad. Hoy esas cifras han mejorado: según el DANE, en 2025 hubo cerca de 61.000 nacimientos de madres menores de 20 años. Ese avance no ocurrió por casualidad. Coincide con los años durante los que se ha hecho promoción de los programas de educación sexual, se ha facilitado el acceso a anticonceptivos y se brinda orientación sobre Derechos Sexuales y Reproductivos en colegios y centros de salud.
Aun con las barreras de acceso que ya existen, hoy las instituciones educativas y los puntos de promoción y mantenimiento de la salud siguen abiertos para ofrecer educación y orientación sobre estos derechos. Si cerramos esas puertas, es previsible que aumente la estadística del embarazo adolescente y se propaguen, con mayor facilidad, las enfermedades de transmisión sexual.
Me temo que un día de estos despertaremos con la noticia de que ya no se comercializan los métodos anticonceptivos, que los seguros no cubrirán las consultas de promoción y prevención y que, por lo tanto, los profesionales de la salud no podrán hablar del tema.
Y así, poco a poco, la sexualidad terminará convertida en un tabú, siendo que la sexualidad es una experiencia humana vivida por una gran mayoría de personas. Regresaremos a la época en que se consideraba que la vida y el goce sexual eran entendidos como una cochinada y tocaba vivirlos a las escondidas.
No faltará quien, ante tamaño retroceso grite alborozado ¡bienvenidos a la Patria Milagro y viva Cristo Rey!


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