[1] Escrito durante un lluvioso y frio día. Mayo 2026

Lucía Vásquez Celis[i]
[i] Magister en Ciencia Biología-Ecología; licenciada en Biología. Visiting Scholar en IATP, Minneapolis USA (1995) y en GRAIN Barcelona España (1995). Diplomados y cursos en ámbitos nacional e internacional “LA PAZ TOTAL. Avances, logros y perspectivas”, Universidad Nacional de Colombia y Consejería Comisionada de Paz 2025; – «CULTURA POLÍTICA, DEMOCRACIA Y GESTIÓN PÚBLICA». Universidad Nacional de Colombia.2024. – “Participación y Representación Política de las Mujeres en Colombia”, Netherlands Institute For Multipartydemocracy. 2020; – “La promoción de los derechos y la eliminación de todas las formas de violencia contra las mujeres es nuestro compromiso”, secretaria de la Mujer, Alcaldía Mayor de Bogotá. 2020; – “Políticas Agropecuarias, Seguridad Alimentaria, Cambio Climático”- BID.2020; “Curso básico sobre Derecho Internacional Humanitario DIH”, con el CIRC y la Cruz Roja Colombiana. 2015; -“I Curso en Debates Actuales del Desarrollo Humano”, con la Escuela Virtual de las Naciones Unidas. 2008; -“I curso en teorías de la Democracia”, Escuela Virtual de las Naciones Unidas. 2008; – Participación nacional e internacional en Seminarios, Foros y Talleres sobre temas relacionados con Ordenamiento y Planificación Territorial, Desarrollo Rural, Cambio Climático, Agriculturas Sostenibles, DDHH y Pueblos Indígenas.
•
En el siglo XX (1941), Eric From publica el libro “El miedo a la libertad”, texto en el que demuestra como la sociedad industrial y de consumo(moderna), genera una paradoja: “aunque los individuos son liberados de los vínculos tradicionales, pueden caer en la alienación, la estandarización cultural y la dependencia de sistemas autoritarios que proporcionan seguridad aparente. La obra muestra cómo la libertad puede ser temida y cómo la búsqueda de seguridad puede llevar a la sumisión voluntaria a la autoridad”. En su obra From invita a reflexionar sobre la importancia de desarrollar una libertad positiva que combine independencia, responsabilidad y conexión con los demás. Pese a que fue escrito hace 85 años, “El miedo a la libertad”, sigue siendo relevante hoy, ya que ilumina cómo la incapacidad de asumir la libertad y el compromiso puede favorecer la aparición de sistemas autoritarios y la alienación en la sociedad.
En el siglo XXI, en la confrontación de modelos de concepción diferente y algunos antagónicos sobre el mundo y su devenir, el miedo, el rechazo y la desazón se expresan alrededor de temas como el cambio, la concepción ideológica, la teoría del caos, entre otros porque desnudan la tensión entre autonomía individual, conformidad social y como describe Michel Foucault, nos exige enfrentar la discontinuidad o ruptura en la historia.
La teoría del caos o teoría de las estructuras disipativas, la bella e incomprendida teoría que nos ayuda a entender la estructura y funcionamiento de sistemas complejos de dinámicas no lineales, como los virus, la meteorología, redes sociales, surge a finales de la década del 50 de la mano del Meteorólogo Ed Lorenz del Massachussets Institute of Technolgy, cuando estuvo tratando de diseñar un modelo que permitiera predecir fenómenos atmosféricos y se encontró con cambios abruptos en los resultados que no se podrían explicar desde la lógica lineal, ni desde el orden y, que pusieron de manifiesto la imposibilidad de alcanzar una precisión infinita de las mediciones y la incapacidad de identificar todas y cada una de las múltiples variables que intervienen en los fenómenos complejos.
La teoría del caos, en lo esencial, sostiene que la realidad es una «mezcla» de orden, y formas complejas de orden (caos) y que el universo funciona de tal modo que del caos nacen nuevas estructuras, llamadas estructuras «disipativas». Desde esta teoría el caos se revalúa como manifestación de desorden y se asume como una forma más compleja del orden. (Víctor Beker, Universidad de Belgrano)
Con base en la fundamentación de la teoría del caos, se infiere que el mundo no sigue el modelo del reloj, previsible y determinado, sino que tiene aspectos caóticos; “el observador no es quien crea la inestabilidad o la imprevisibilidad con su ignorancia, ellas existen de por sí. Los sistemas estables, como la órbita de la tierra alrededor del sol, son la excepción. La mayoría de sistemas son inestables, siendo un ejemplo típico el clima. Podemos prever un eclipse o la aparición de un cometa con siglos de antelación, pero no el clima de la próxima semana. Ello es así porque depende de un enorme conjunto de circunstancias inciertas, que determinan por ejemplo que cualquier pequeña variación en un punto del planeta, genere en los próximos días o semanas un efecto considerable en el otro extremo de la tierra” (Pablo Cazau).
Dicha teoría nos enseña que la incertidumbre, es la característica de todos los sistemas complejos, y, por ende, de los sistemas microbiológicos, como los coronavirus, fenómenos climáticos como huracanes, tormentas, etc., así como de las interacciones y dinámicas en redes sociales complejas y que por ello prima la dificultad para predecir con exactitud su dinámica.
Y entonces, la incertidumbre esa característica obvia y recurrente nos agobia, nos da miedo como lo predijo Eric From, alrededor de la libertad y que hoy sigue manifiesta frente a “cambio” y en el caso de Colombia porque ese término es el eje central de la propuesta programática de un sector político que invita no a la superación, sino a la transformación, a la discontinuidad y que surge de las entrañas de lo popular por fuera de las élites a las que estamos acostumbrados a reconocer para bien o para mal, con el derecho divino a ser los gobernantes.
El cambio, este concepto que para los formados en las ciencias naturales (biología, ecología, matemáticas, física, química), se nos develó como lo único real, así me lo repitieron, maestras y maestros durante mis años del pregrado y del postgrado, genera miedo, ansiedad y rechazo en amplias mayorías porque esta es la respuesta más obvia frente a la incertidumbre que encierra una propuesta de cambio. En general, el apego a lo conocido, lleva a que se prefiera mantener hábitos y costumbres patriarcales, racistas, clasistas porque el cambio ese “coco” asusta, es una amenaza para la identidad homogénea y sus valores. La resistencia al cambio, se convierte en algo religioso, en una fuerza moral que se asocia con la creencia de que el status quo es lo mejor, lo que puede llevar a la defensa de valores como familia, patria, libertad y entonces nuevas ideas que contradicen creencias existentes generan incomodidad psicológica.
Por su parte, el para qué y hasta dónde el cambio social ha sido conceptualizado desde dos modos, el cambio social entendido y asumido como “evolución”, dejar que las cosas cambien por inercia o no cambiar nada y el de la “contradicción/superación”. Estos dos modelos de abordaje evidencian también, la tensión entre las tradiciones unitaria, enraizada en las élites y las pluralistas, planteada desde dinámicas sociales diversas, populares, étnicas y desde algunos sectores académicos.
La propuesta que nos plantea Foucault, del cambio en lo social como proceso de transformación que no busca equilibrios estables, sino que implica fundamentalmente momentos de ruptura y de interrupciones en la historia y que enfatiza en sus obras “las palabras y las cosas”, “Vigilar y castigar”, destacando la importancia de las discontinuidades en el análisis histórico, pero también en las construcciones históricas de transformaciones urgentes e imperativas en el ejercicio del poder, en la transformación de enquistes enraizados como sistemas macro de corrupción, de inequidad social, económica, política, ambiental es coincidente con la apuesta por el cambio que se plantea desde corrientes como del Sentipensar con la tierra, en el que Arturo Escobar muestra un enfoque relacional y pluriversal que integra la vida, el territorio y los saberes subalternos para repensar el cambio “desarrollo y política” desde la experiencia de comunidades humanas y no humanas.
El término «Sentipensar» retoma la propuesta del sociólogo Orlando Fals Borda y enfatiza que la construcción del conocimiento y que por ende el cambio, no depende únicamente de la razón o la ciencia, sino también de los sentidos, las emociones y la intuición, es decir, del «corazón» y la subjetividad de actores sociales diversos y que es pluriversos. Escobar lo utiliza para resaltar la importancia de los saberes comunitarios y subalternos, presentes en pueblos indígenas, afrodescendientes y otras comunidades no modernas, que construyen conocimiento desde la tierra y la vida cotidiana y que son imprescindibles en los tiempos actuales de multicrisis y de crisis civilizatoria.
El cambio es el reconocimiento y la expresión de pluriversos, es decir, la coexistencia de diversas formas de vida, relaciones y cosmovisiones que desafían los modelos modernos de desarrollo y conocimiento. La política y la ontología están interrelacionadas: nuestras visiones del mundo condicionan la acción política, y los conflictos políticos reflejan premisas sobre lo que es real y valioso. La justicia cognitiva, ambiental, social y la relacionalidad y la sostenibilidad serán como lo es el cambio


Deja una respuesta