
Fabio Saúl Castro-Herrera
Profesor de la Universidad Nacional. Promotor y cronista de la justicia, especialmente la comunitaria
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Nota: Las opiniones expresadas en esta columna son estrictamente personales y académicas. No representan la posición de la Universidad Nacional de Colombia ni de ninguna entidad pública.
En octubre de 2025, un concejal de Medellín apareció en una protesta con un bate de béisbol y lo blandió frente a manifestantes propalestinos (Caracol Radio, 9 de octubre de 2025). Semanas después, su equipo de comunicaciones estampó la palabra “Diálogo” en el mismo bate y lo vendió como utensilio de mercadeo (Infobae, 28 de octubre de 2025). Meses más tarde, durante la campaña presidencial, un candidato respondió a la burla de un adversario con un gesto que su propio equipo describió como un chiste de 13 segundos grabado con un celular. El video se volvió viral en 24 horas y sus creadores lo convirtieron en el eje central de la campaña (hilo de Instagram, 2026). El bate amenaza con romper huesos. El periódico apenas dobla una hoja. La distancia parece enorme, pero si lo revisamos en detalle, tal vez no lo es tanto.
El gesto del candidato no fue un arrebato ni una expresión desafortunada. Fue un producto pensado para difundirse rápidamente, validado por métricas y elevado a símbolo de campaña. El bate del concejal, al contrario, responde a otra lógica, la de la amenaza abierta que se convierte en emblema con la palabra “Diálogo” estampada. Aunque los dos símbolos son muy diferentes, provienen de la misma raíz, hacen parte del mismo tipo de violencia y buscan efectos similares: la llamada violencia expresiva (Segato, 2003). A diferencia de la violencia instrumental, que busca un fin práctico, la violencia expresiva emite un mensaje que define cómo se deben organizar las relaciones de poder. Muestra quién tiene la potestad de disciplinar y quién debe ser disciplinado. El golpe con el periódico y el bate transmiten el mismo mensaje, cada uno a su manera.
Lo que ocurre después quizá es más grave. Quien recibe la broma debe reírse; quien la observa, la celebra como una ocurrencia. La agresión no desaparece, se vuelve aceptable, incluso deseable. Se disfraza de pedagogía, de carácter, de “forma elegante de señalar lo que está mal”. El sociólogo Pierre Bourdieu llamó violencia simbólica a este mecanismo por el cual la dominación se ejerce con la complicidad de quien la padece, precisamente porque no la reconoce como violencia. La consecuencia de esta normalización es profunda. La discusión en el espacio público se estrecha y se agota en un acto. El desacuerdo se vuelve ilegítimo y se allana el camino para otras formas de disciplinamiento. Primero el periódico enrollado; después, el bate. Primero la broma; después, el golpe.
Alguien podría objetar que este análisis es desproporcionado. Diría que en un país como Colombia, donde la diferencia política ha sido respondida con asesinatos selectivos, masacres y desplazamiento forzado, un golpe de periódico que no rompe un hueso constituye una violencia menor, teatral y sin daño material. Argumentaría que la amenaza y el golpe con periódico sustituyen la eliminación del contradictor y disminuyen la tensión entre los adversarios. Este razonamiento tiene apariencia de realismo, pero falla en un punto crucial. El teórico de la paz Johan Galtung enseñó que la violencia tiene tres caras: la directa que golpea, la estructural que oprime y la cultural que hace que ambas parezcan normales (Galtung, 2016). El golpe de periódico es violencia cultural pura. No reemplaza la violencia material, la prepara. Quien aprende a reírse de esa burla ha dado un paso hacia quien empuña el bate sin reírse. La historia de Colombia muestra que los lenguajes de la violencia no son compartimentos estancos. La humillación, la corrección disfrazada de carácter y el golpe que aniquila pertenecen a una misma familia. Por eso, la desescalada no consiste en convertir el bate en periódico, sino en aprender a tramitar el conflicto sin gestos de corrección, como lo han hecho un sinnúmero de comunidades que construyeron paz en medio de la guerra en este país.
El periodicazo sonriente no es un chiste inofensivo. Es el primer peldaño de una escalera que puede terminar en el bate. Pero esa escalera no es la única vía posible. En Colombia también existe una tradición robusta de resistencia civil y construcción de paz territorial. La Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición (CEV) documentó aprendizajes en múltiples territorios (Comisión de la Verdad, 2022). Encontró que incluso en escenarios de violencia de alta intensidad, las comunidades construyeron instituciones propias para gestionar sus conflictos y tejer acuerdos . Ese hallazgo se puede constatar en el Chocó con la Mesa Interétnica del Medio Atrato; en el Valle del Cauca con el Espacio Humanitario de Puente Nayero en Buenaventura, en la red de mujeres del río Naya (CEV, anexo territorial); y también en Bolívar con la Asamblea Constituyente de Micoahumado, sin olvidar los conciliadores en equidad de Puerto Libertador y San José de Uré en Córdoba. La CEV identificó más de mil experiencias en total. En cada uno de esos territorios, comunidades negras, indígenas y campesinas demostraron que es posible tramitar la diferencia para defender la vida.
De todas esas experiencias, la Comisión de la Verdad extrajo una propuesta para el país: el Gran Acuerdo por la Convivencia, un decálogo de compromisos que resume lo que las comunidades ya habían puesto en práctica. Entre esos compromisos están transformar los conflictos de manera creativa y constructiva, propiciar espacios de encuentro y diálogo con quienes tenemos diferencias, y reconocer que existen distintas formas de pensar, sentir y actuar. Se trata de apropiarse del conflicto y de construir acuerdos sin aniquilar al contradictor. Ese patrimonio es el que la estrategia del periódico enrollado desconoce, como si el desacuerdo se resolviera con un golpe de teatro. Por eso esa acción no es solo un mal gesto, sino un retroceso frente a lo que Colombia necesita aprender de quienes se enfrentaron a la guerra y sobrevivieron para contarlo.
El patrimonio comunitario es una herramienta viva que el país puede usar hoy mismo. La Comisión de la Verdad entregó estos aprendizajes con una vocación práctica para fortalecer la democracia y aprender a respetar la diferencia sin necesidad de corregirla, así sea a punta de golpes de periódico. En momentos de tensión social, cuando la temperatura sube y las campañas electorales convierten cada desacuerdo en una afrenta, conviene recoger ese legado. Eso no implica ingenuidad. Las comunidades que construyeron paz en el Atrato o en Cauca sabían bien quién era el enemigo y que lo que estaba en entredicho eran sus propias vidas. Pero también sabían que la violencia, incluso la simbólica, cierra puertas que luego cuesta mucho reabrir. La acción del candidato, por el contrario, abre una puerta equivocada. Enseña que el disenso se responde con un gesto teatral. Enseña que quien tiene el periódico en la mano puede darlo todo por resuelto. Y en un país que ha pagado tan caro la violencia, esa enseñanza no es una ocurrencia graciosa.
El bate del concejal y el periódico enrollado del candidato enseñan la misma lección: la diferencia se corrige y el conflicto se desconoce o se elimina. Frente a esa tradición, las comunidades del Atrato, de Puente Nayero y del Naya ofrecen otra, la de sentarse con el contradictor. En una campaña, en una asamblea o en la casa, la pregunta es la misma: ¿corregimos o conversamos? El candidato responde lo primero con una risa cómplice. Pero la convivencia no madura a golpes de periódico. Quien normaliza esa burla allana el camino para quien empuña el bate y recurre luego a formas más graves de violencia. En un país que ha pagado tan caro esa escalera, elegir la risa cómplice es una irresponsabilidad.
Referencias.
Caracol Radio. (9 de octubre de 2025). Concejal de Medellín defendió su presencia y amenazas con un bate en manifestaciones pro-Palestina.
Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición (CEV). (2022). Informe Final.
Galtung, J. (2016). La violencia: cultural, estructural y directa. Cuadernos de Estrategia, (183), 147-168.
Hilo de Instagram sobre el origen del ‘Periodicazo’. (2026).
Infobae. (28 de octubre de 2025). El bate “amansa mamertos” que ‘Gury’ Rodríguez promocionó en sus redes: nueva polémica del concejal que intimidó a manifestantes en Medellín.
Jaramillo Marín, J., Castro-Herrera, F. S., & Ortiz Gallego, D. (2018). Instituciones comunitarias para la paz en Colombia: esbozos teóricos, experiencias locales y desafíos sociales. Universidad Nacional de Colombia.
Segato, R. L. (2003). Las estructuras elementales de la violencia: ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos. Prometeo.


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