
Víctor Solano Franco
Comunicador social y periodista
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Especial para El Quinto
Hay historias que merecen ser contadas no solamente cuando sus protagonistas regresan con una medalla, sino desde el momento en que necesitan que alguien crea en ellas. La de Silvia Peña es una de esas historias, porque su invitación a exponer en Corea del Sur no representa únicamente un reconocimiento a una artista santandereana, es, a la vez, una oportunidad para que Santander entienda que su talento cultural puede viajar por el mundo y, al regresar, traer consigo nuevas posibilidades para muchos más.
Silvia Peña lleva más de cuatro décadas dedicada a la creación, investigación y formación artística. Ahora fue invitada al XII Festival Internacional de Arte de Geoje 2026, organizado por el Haegeumgang Theme Museum, donde su obra Here and Now (‘Aquí y ahora’) fue seleccionada para la exposición y recibió el Excellence Award, otorgado por el jurado del festival. No es un detalle menor: una artista de nuestra tierra está recibiendo reconocimiento internacional en Corea.
Pero esta historia tiene una particularidad que la hace todavía más conmovedora. Silvia es hija de un veterano colombiano de la Guerra de Corea. Su padre perteneció al Batallón Colombia y estuvo allí durante aquella guerra. Setenta y cinco años después, ella regresará a esa misma tierra, pero con otras herramientas: el arte, la memoria y la cultura. Durante la inauguración realizará una acción de memoria en homenaje a los veteranos colombianos y coreanos y donará al museo la obra Encuentro en el Paralelo 38. Colombia y Corea. INYEON.
Hay una frase que resume maravillosamente el sentido de esta historia: “Antes nos unió la guerra, hoy nos une el arte”. Si hacemos memoria deberíamos recordar que la relación de amistad entre Colombia y Corea del Sur es única y sumamente profunda, catalogada tradicionalmente como una «alianza de sangre».
Su historia va mucho más allá de la diplomacia convencional, lo que ha convertido a Colombia en un país muy respetado y querido en la península coreana ya que fue el único país de Latinoamérica que durante la Guerra de Corea (1950-1953), respondió al llamado de la ONU al enviar apoyo militar directo para defender a Corea del Sur. Allí, elBatallón Colombia desplegó a 5.315 soldados en tierra y aportó la fragata Almirante Padilla. Los soldados colombianos combatieron con enorme valentía en batallas históricas como la de Old Baldy y Pork Chop Hill.Este sacrificio generó un lazo de gratitud imborrable. Los surcoreanos no consideran a los colombianos como simples extranjeros, sino como hermanos o descendientes de quienes salvaron a su nación. Hoy en día hay parques y monumentos dedicados a Colombia en ciudades coreanas como Seúl e Incheon.
Pero volviendo a la historia de Silvia, sería un error mirar este viaje únicamente como el logro individual de una artista. Durante la gira cultural, que se realizará entre el 19 y el 24 de octubre de 2026 y reunirá a una delegación internacional de 21 invitados, Silvia tendrá la posibilidad de relacionarse con artistas, museos, gestores e instituciones de diferentes países. La intención de la santandereana es convertir esos contactos en oportunidades de intercambio, cooperación, formación y circulación para otros creadores del departamento y del país.
Por eso apoyar a nuestros talentos no debería entenderse como caridad. Es inversión cultural, diplomacia, posicionamiento territorial y construcción de capital social. Un territorio que quiere proyectarse internacionalmente necesita algo más que infraestructura: necesita personas capaces de llevar su identidad a otros lugares.
Silvia necesita hacer posible su viaje a Corea, con salida de Bogotá el 16 de octubre y regreso el 24 del mismo mes, además de resolver el envío internacional de obras y elementos de memoria durante septiembre. Hay diferentes formas de acompañarla: apoyo total o parcial del transporte aéreo, transporte de las obras, aportes económicos o articulación de alianzas.
Ojalá en Colombia se entienda que cuando uno de sus artistas cruza una frontera, no viaja solamente una persona, sino que con ella viajan también nuestra memoria, nuestros paisajes, nuestras historias y una manera particular de mirar el mundo.
Y si esa artista regresa con nuevos conocimientos, contactos y oportunidades para compartirlos con otros creadores, entonces habremos hecho algo todavía más importante: demostrar que apoyar el talento santandereano no es ayudar a que uno llegue más lejos, sino conseguir que todo el territorio llegue un poco más lejos con él.


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