
Víctor Solano Franco
Comunicador social y periodista
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Especial para El Quinto
El 10 de agosto de 2026 Colombia volvió a sentir, literalmente, que la tierra podía moverse bajo nuestros pies. Un sismo de magnitud 7,4 sacudió buena parte del país, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, y dejó una estela de destrucción que todavía está siendo evaluada.
Ante semejante tragedia es natural que aparezcan el miedo, las preguntas y hasta la necesidad humana de encontrar explicaciones. Lo que no resulta natural, ni responsable, es que antes de que los científicos puedan explicar lo ocurrido ya estén circulando por WhatsApp y las redes sociales teorías que atribuyen el terremoto al clima, al Sol, al manejo ambiental, al fracking o incluso al cambio de gobierno.
Cuando la tierra tiembla, no debería temblarnos también la razón.
Evocando mis épocas de periodista en ciencia hace casi 29 años, debo recordarles a mis lectores que un terremoto ocurre fundamentalmente por la liberación súbita de energía acumulada en una falla geológica. Las placas tectónicas están en movimiento permanente y, cuando las tensiones acumuladas superan la resistencia de las rocas, se produce la ruptura que genera las ondas sísmicas. Esa es una explicación mucho menos espectacular que una conspiración, lo sé, pero tiene algo que las teorías de redes sociales suelen carecer: evidencia científica.
No hay evidencia científica que permita afirmar que una tormenta, una ola de calor o el manejo ambiental de un gobierno sean responsables de un terremoto de esta naturaleza. Tampoco existe evidencia demostrada de que las llamaradas solares o las tormentas geomagnéticas causen terremotos. El Servicio Geológico de Estados Unidos ha señalado expresamente que esa relación causal nunca ha sido demostrada.
Y aquí aparece el fracking, convertido otra vez en protagonista de explicaciones apresuradas. La discusión seria exige matices: la fracturación hidráulica puede producir pequeños eventos sísmicos mínimos.
Además, atribuir este terremoto al fracking colombiano resulta particularmente insostenible: actualmente no existen operaciones comerciales de esta técnica en el país. Colombia ha tenido proyectos piloto que no se han podido ejecutar y mantiene abierto el debate regulatorio, mientras el Gobierno saliente incluso promovió en julio una iniciativa legislativa para prohibirla, el entrante dice que por lo menos habría que hacer los pilotos de manera sostenible para saber si son convenientes o no.
Por eso resulta todavía más lamentable que un fenómeno natural de esta magnitud termine convertido en munición política. Apenas ocurrió el sismo comenzaron a aparecer interpretaciones que intentaban relacionarlo con el cambio de gobierno, como si las placas tectónicas hubieran esperado la posesión presidencial para ajustar sus calendarios…
La política puede discutir las decisiones de un gobierno. La falsa geología no debería convertirse en argumento de campaña.
Lo que sí debemos discutir es nuestra preparación frente a los terremotos. Colombia está situada en una región sísmicamente activa y no podemos impedir que la tierra se mueva. Lo que sí podemos hacer es construir mejor, fortalecer los sistemas de prevención, educar a la ciudadanía y aprender a responder ante las emergencias.
Y los ciudadanos también podemos hacer algo mucho más sencillo: verificar antes de compartir.
WhatsApp no es un laboratorio científico. Una captura de pantalla no es una evidencia. Un video con miles de reproducciones no convierte una especulación en verdad. Y que una explicación coincida con aquello que queremos creer tampoco la convierte en cierta. El día del sismo, apareció en Noticias Caracol minutos después del sismo de las 7:34 a.m., una imagen en la que se veía que había colapsado una de las torres de la Catedral de Manizales. Inmediatamente sospeché que podría ser producto de una manipulación con inteligencia artificial de autoría de alguno de los ‘humoristas’ espontáneos y que el medio había caído en su trampa. Para mi sorpresa, resultó que la imagen, tristemente, si era real.
En momentos de miedo, la información rigurosa es también una forma de protección. Cuando la tierra vuelva a temblar —porque volverá a hacerlo— ojalá no tengamos que enfrentar, además del movimiento de las placas, el terremoto de la desinformación.
Porque ante la incertidumbre no necesitamos más conspiraciones, necesitamos ciencia, serenidad y ciudadanos capaces de distinguir entre una explicación y un cuento.


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